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Se
acaba el año
Esta
es una de las frases que escuchamos
constantemente a lo largo de
estos días. Y nos toca
correr al ritmo que lo hace
mucha gente en la calle. Diciembre
es un mes de fiestas. El día
8, les rendimos honor a todas
las mamás. El día
25, celebramos el nacimiento
del niño Jesús,
y el día 31, le damos
un adiós definitivo a
este año y celebramos
por el que ha de venir. Pero
este tiempo es un momento oportuno
para reflexionar sobre lo que
hemos hecho y lo que no, sobre
el sentido de nuestro ser y
quehacer. Puede ser oportuno
hacerlo desde lo que empezamos
a celebrar este domingo 30 de
noviembre cuando inicia el Adviento
Llega
el tiempo de la espera y la
esperanza. El tiempo de preparar
caminos
¿En qué
consiste esa esperanza, que
unos años nos encuentra
felices, y otros con ánimo
bajo? ¿De qué
está hecha esa confianza
en que Dios sigue viniendo?
¿Cómo se enciende
esa luz que rompe tinieblas,
noches, sombras y que ilumina
los rincones más oscuros?
Y es tan humano el esperar y
ponerse en camino, el desear
y luchar por algo, el creer
cuando todo parece invitar al
descreimiento
¿Qué
ingredientes tiene esa esperanza
poderosa que provoca escalofríos
a los infames y hace sonreír
a los heridos?
Esperamos
porque sabemos de quién
nos hemos fiado. Porque preparamos
los caminos para una venida
que ya comenzó hace mucho.
Porque en la vida es fundamental
mantener una memoria agradecida
por todo lo recibido. Aprender
de una historia muchas veces
trenzada en golpe y dicha...
En los momentos de dicha recordamos
que todo es don. Y en las noches
oscuras, en los momentos en
que parece que algo falta, en
las épocas de dolor o
sufrimiento, recordamos las
bendiciones que en otros momentos
han llenado nuestras vidas de
pasión. Y la entrega
de un Dios cuya salvación
ya comenzó de manera
inexorable. La sorpresa del
Dios del pesebre y la historia
de una salvación extraña.
Recordamos con gratitud, y nos
vivimos como partes de una historia.
Esperamos
porque sabemos lo que puede
llegar. A veces lo intuimos.
Otras lo soñamos. En
ocasiones sencillamente queremos
que las cosas sean diferentes.
Imaginamos futuros mejores,
para nosotros, pero sobre todo
para aquellos cuyos presentes
son sombríos; hasta ahí,
nada distinto de los "buenos
deseos" con los que se
reciben estas fechas en las
teles y los mercados, en las
promociones navideñas
y las declaraciones institucionales.
Pero entonces se enciende una
luz en nuestra entraña,
se escucha una voz que, muy
hondo, muy dentro, muy suave,
susurra: "¿Por qué
no? Y el deseo se convierte
en urgencia, en anhelo, y quema
y aquieta a un tiempo. El deseo
es también llamada, y
algo me dice: "lucha por
lo que deseas", y eso es
Adviento
Adviento,
Navidad, fin de año.
Seguirá siendo un momento
oportuno para reflexionar si
de verdad hemos vivido todo
profundamente y si ello nos
ha llevado a Dios.


-
Publicado con permiso del autor
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