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Esta
cuenta no se abre en ningún
banco y tiene la ventaja de
que no puede ser embargada,
incautada, ni confiscada.
Una cuenta de ahorro afectivo
es la que tiene como titulares
únicos e irremplazables
a aquellas personas que conforman
y construyen un vínculo
de tipo emocional (una pareja,
padres e hijos, amigos).
Los titulares depositan en ella
su capital de afecto, cariño
y amor, y se comprometen a destinar
ese monto a una finalidad común.
Esa finalidad puede ser la construcción
de puentes de confianza, o la
creación de un espacio
de intimidad, o la preservación
de la armonía, o el impulso
para el desarrollo mutuo y acompañado
de las mejores potencialidades
de cada uno, o el tejido de
tramas de seguridad psicológica,
o la aceptación y la
unión desde la diversidad,
o el crecimiento espiritual
compartido, o el aprendizaje
vivencial y mancomunado del
respeto.
En fin, hay tantas posibilidades
como hay tantas personas que
construyen, sostienen y alimentan
sus vínculos.
Hay, además, vínculos
indirectos, o de segundo grado,
como los que me relacionan con
mis socios, compañeros,
vecinos, conciudadanos, compatriotas,
congéneres. Tanto unos
como otros, por diferentes motivos,
son esenciales para la conservación
y mejoramiento de la existencia
humana.
En realidad, buena parte del
sentido y de la trascendencia
de la vida se asienta en ese
tejido vincular, por lo tanto,
el cuidado, la profundidad y
la dedicación que brindemos
a esta trama de relaciones en
las que estamos integrados,
tiene incidencia directa en
los fondos que atesoran nuestras
cajas de ahorro afectivo.
Quizás hemos quedado
demasiado atrapados en el corralito
de la economía monetaria
a expensas de la economía
afectiva y emocional.
Si lo más importante
que cada uno de nosotros tiene,
está en las cajas de
ahorro y en los plazos fijos
efectivos, es probable que nuestras
cajas de ahorro afectivo se
estén vaciando silenciosamente.
No me parece ni ingenuo, ni
secundario, apelar en estos
días a las cajas de ahorro
afectivo, a reforzar los lazos
sentimentales, a confiar y acudir
a las redes emocionales en las
que estamos involucrados.
Con pareja, hijos, padres, amigos,
y con todos los afectos que
nos unen con ellos, tenemos
la opción de crear otros
temas de conversación,
otras perspectivas de la vida
y nuevos proyectos existenciales.
Para
algunos de ellos, tal vez sea
necesario el dinero, pero no
sólo el dinero. Si creyésemos
que la vida pasa principalmente
por el dinero, ¿qué
nos diferenciaría de
quienes nos lo roban? Tiene
que haber algo más.
Revisemos nuestras cajas de
ahorro AFECTIVO, y pongamos
nuestro interés allí.
Desconozco
su autor
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