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Cuando hay amor al
trabajo... éste se convierte en un juego.
Cuando hay amor, las
críticas que, de otro modo, se recibirían
con asperezas, se admiten de buen grado y con mentalidad
abierta.
Cuando hay amor, la
envidia se convierte en complacencia ante los triunfos
de otra persona.
Quienes no aceptan
fácilmente los consejos, reciben éstos con
más agrado si le son ofrecidos con amor.
La apatía y
la inercia pueden convertirse, gracias al amor en una
alta motivación y en una acción constructiva.
El amor transforma
el recelo en confianza.
Este amor puede dar
lugar a la conversión del aborrecimiento de sí
mismo en un saludable amor propio y a la transformación
de la depresión en felicidad.

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