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Amigo
mío, tengo tanta necesidad
de tu amistad. Tengo sed de
un compañero que respete
en mí, por encima de
los litigios de la razón,
el peregrino de aquel fuego.
A
veces tengo necesidad de gustar
por adelantado el calor prometido,
y descansar, más allá
de mí mismo, en esa cita
que será la nuestra.
Hallo
la paz. Más allá
de mis palabras torpes, más
allá de los razonamientos
que me pueden engañar,
tú consideras en mí,
simplemente al Hombre, tú
honras en mí al embajador
de creencias, de costumbres,
de amores particulares.
Si
difiero de ti, lejos de menoscabarte
te engrandezco.
Me
interrogas como se interroga
al viajero, yo, que como todos,
experimento la necesidad de
ser reconocido, me siento puro
en ti y voy hacia ti.
Tengo
necesidad de ir allí
donde soy puro.
Jamás
han sido mis fórmulas
ni mis andanzas las que te informaron
acerca de lo que soy, sino que
la aceptación de quien
soy te ha hecho necesariamente
indulgente para con esas andanzas
y esas fórmulas.
Te
estoy agradecido porque me recibes
tal como soy. ¿Qué
he de hacer con un amigo que
me juzga? Si todavía
combato, combatiré un
poco por ti.
Tengo
necesidad de ti.
Tengo
necesidad de ayudarte a vivir.
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