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Los
horóscopos pueden robar nuestra confianza en Dios porque
hacen creer que no somos libres sino que estamos determinados
por nuestro signo zodiacal.
Es malo creer en los horóscopos?
Es muy normal que tengamos curiosidad por saber qué pasará
en el futuro, pero dime ¿qué harías si
supieras qué va a ser de ti mañana?
Quizá si supieras que vas
a ser un gran empresario, empezarías a ver de qué
manera manejar mejor tu dinero; o si supieras que te enfermarás,
comenzarías con poner todos los medios para prever dicha
enfermedad y, si en el peor de los casos, te dicen que morirás,
seguramente comenzarías de inmediato a dejar listos esos
pendientes que tienes, y sobre todo te acercarías a la
confesión para estar en gracia.
¡Cuántas cosas haríamos!,
¿verdad? Nosotros, cristianos, no consultamos horóscopos
o personas que supuestamente dicen el futuro, porque ello contradice
el honor y el respeto que debemos a Dios.
Querer saber el futuro es querer
ser iguales a Dios, pretensión tan soberbia como absurda.
Debemos confiar a la Providencia divina nuestra vida, confiar
en Dios como Padre que es.
Así que olvídate
de andar por ahí con consultas a los astros, horóscopos
y adivinos.
Lo que te recomiendo es que comiences
hoy por hacer todas esas cosas que harías si supieras
tu futuro. No te preocupes del mañana, mejor ocúpate
del presente.
La ciencia que responde a los
interrogantes que nos provocan las estrellas es la astronomía.
Esta disciplina nació entre los caldeos hace unos treinta
o cuarenta siglos y sigue progresando hoy gracias a los programas
espaciales de Estados Unidos y Rusia.
Junto a este saber, como hongo
nacido en medio de un hermoso jardín, apareció
la astrología, ficción que pretende determinar
una supuesta influencia sobre nuestras vidas por parte de los
cuerpos celestes.
La palabra "horóscopo"
se utilizaba en los siglos pasados para designar a los sacerdotes
encargados de observar el curso de las estrellas. Luego pasó
a significar la influencia que los astros habrían de
tener sobre nuestras vidas. Esta creencia tan absurda, sigue
influyendo en algunas personas de nuestro nuevo siglo XXI.
El zodiaco es una franja imaginaria
del firmamento donde aparecen doce constelaciones que se pueden
observar a simple vista. Las doce constelaciones del zodiaco
son Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo,
Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis.
Estos doce nombres provienen de
palabras latinas que indican diversas divinidades mitológicas
veneradas entre los antiguos caldeos. Los horóscopos
dicen que nuestra vida depende de la constelación zodiacal
que hace sentir su influencia en el mes de nuestro nacimiento.
Si nací en enero soy Acuario; si nací en agosto,
soy Leo... etc.
La creencia en los horóscopos
es peligrosa. Casi es como creer en otra religión. Porque
intentan hacernos creer que no somos libres sino que estamos
determinados en todo por nuestro signo zodiacal. No sería
yo quien realiza su propia vida, sino que todo mi obrar estaría
dirigido por una extraña fuerza proveniente de las estrellas.
Pero nada de lo que dicen los horóscopos está
científicamente fundado. Lo que afirman sobre Sagitario
hoy, lo dirán mañana de Piscis y viceversa. Es
un triste problema que los horóscopos sigan haciéndose
y, peor aún, que haya quienes se creen todo lo que leen.
No es lícito ni conveniente,
pues puede robar nuestra confianza en Dios.
Por otra parte, el que verdaderamente
confía, cree y ama a Dios no busca símbolos o
signos del cielo ni de la tierra, como bien lo explica Nuestro
Señor: ¿Sabéis interpretar el aspecto del
cielo y de la tierra y no sabéis distinguir los signos
de los tiempos...? (Mt. 16, 1-4).
A veces nos puede ganar la curiosidad
de saber lo que dirán de nuestro futuro; pero lo único
que conseguimos es poner nuestro mayor tesoro, la vida, en manos
de suposiciones tan genéricas y ambiguas que le podrían
pasar a cualquiera.
Dios te cuida y te ama personalmente,
¿por qué quieres encerrarte en 12 símbolos?,
que si los dividimos entre la población mundial, 6 mil
millones de habitantes, a 500 millones de personas les pasaría
lo mismo, lo cual no sólo es aburrido sino incluso contrario
a nuestra experiencia ¿no crees?
Los cristianos debemos más
bien dedicar nuestro tiempo a pedir a Dios que nos aumente la
fe y que nos ayude a evitar todo lo que nos aparte de Él.
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