No
es la primera vez
que vienes y que la higuera
muestra sus hojas arrogante
- verdes, grandes, ásperas,
sin fruto - , engañándote.
Sabes
que ocupa terreno fértil,
que sudaste y te deslomaste
cuidándola
para que diera los mejores higos,
inútilmente.
Y
aunque tienes ganas de cortarla
tu corazón hortelano se
resiste.
Le cavarás la tierra,
le echarás abono
nuevamente ...
Déjala
un poco más.
Déjanos un poco más.
Déjame un poco más,
Señor;
y cuídame.

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