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Hay cosas
en la vida que no se pueden echar atrás, pueden causar
grandes heridas o destruir en un segundo lo que en mucho tiempo
se quiso construir o cultivar
La piedra
lanzada que llega a golpear; la palabra dicha en un momento
de enojo que logra herir, el paso mal dado que hace caer,
el vaso que se quiebra, el corazón destrozado, el papel
roto en pedazos, las flores que en vida no se regalaron, la
ficha mal movida que hizo perder la partida
Hay quienes
viven atormentados y no se perdonan los errores cometidos
o el dolor que en algún momento pudieron haber ocasionado;
lo que debía haberse hecho y no se hizo, las palabras
que no fueron pronunciadas, el abrazo que nunca se dio, el
golpe que quizás se lanzó, el vidrio roto, el
agua derramada, la hoja quemada; la vida destrozada o acabada,
la infancia perdida, la inocencia arrebatada, los vacíos
que nunca se llenaron, el hambre y la sed que jamás
consiguieron ser saciadas
Cada segundo
de vida no se repite, el tiempo no retrocede, y aunque se
quiera volver a empezar, no se puede borrar lo que pasó,
por eso hay que pensar muy bien antes de actuar o de hablar.
Quizás
suene pesimista esta realidad, pero no podemos ir por el mundo
sin rumbo, sin tomar conciencia de lo que se dice y de los
pasos que se dan; a veces es necesario caer para aprender
a caminar, llegar a perder para lograr valorar
Hay heridas
que el ser humano no puede sanar, vacíos que no se
alcanzan a llenar, vasijas que parecen imposibles de reparar;
solo el Amor de Dios tiene el poder de saciar, reconstruir
y renovar; Él logra apreciar la belleza que nadie jamás
vio, ofrecer un Amor restaurador, romper las cadenas que no
se habían podido arrancar, borrar un pasado oscuro
que la luz del presente no dejaba apreciar. Él abre
los ojos de tantos que no ven, hace caminar a los que no lo
saben hacer, sólo basta abandonarse en sus manos y
ante todo creer.
No todo está
perdido, siempre tendremos otra oportunidad, cada nuevo día
es una puerta que se nos abre, para mirar al futuro, retomar
las riendas del presente y avanzar, hasta la meta cumplir
y hacer nuestros sueños realidad.
El amor de
Dios es tan grande que todo lo perdona, no deja de confiar
en sus criaturas, a nuestro lado siempre está, Él
no nos abandona, somos nosotros lo que a veces su mano soltamos;
Él está siempre ahí, como Padre amoroso,
esperando a que como el hijo pródigo, regresemos al
hogar.
©
KARY ROJAS
Fuente
encuentra.com
Diseño
©LnYamuni
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Novena
de la Divina Misericordia
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Empieza
el Viernes Santo
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(Indulgencia
plenaria)
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Ernesto
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The
Greatest Miracle |
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