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Hubo
una vez, cuando un banquero
necesitó contratar los
servicios de un hombre para
que abriera la puerta de su
Banco. Puso el anuncio en el
periódico y rápidamente
recibió varias respuestas.
Llamó a cada uno de los
aspirantes y los entrevistó
él mismo, pero se fijó
en un muchacho muy prometedor
que podría hacer una
brillante carrera en su empresa.
Lo contrató y le dijo
que empezara al instante.
El
muchacho se emocionó
y preguntó cuánto
sería el salario que
recibiría. El banquero
dijo sin inmutarse: "$
165.00". El joven bajo
un poco la cabeza pero de todos
modos aceptó el empleo.
Mientras trabajaba, los demás
empleados notaron que él
sólo utilizaba una mano
para abrir la puerta del Banco
y no sonreía. Pasado
un mes el dueño del banco
llegó y vio que efectivamente,
el muchacho utilizaba sólo
una mano y no sonreía
o lo hacía apenas. Intrigado
se acerco a él y le preguntó:
"Joven, ¿por qué
sólo utiliza una mano
para abrir la puerta y no sonríe?".
El Jovenzuelo, sin inmutarse
le dijo: "Y para lo que
usted me paga, creo que es suficiente
que use una sola mano".
Creo que sobra decir lo que
sucedió después.
Esta
historia la escuché hace
varios años mientras
asistía a una charla,
en donde, después de
contarnos esta ilustración,
nos dijeron algo así:
"los verdaderos triunfadores
usan las dos manos, aunque el
sueldo no sea el que esperaban".
Muchas
veces nosotros creemos que merecemos
más de lo que nos dan,
y creo que tenemos razón,
pero sólo cuando nosotros
estamos dispuestos a dar más
de lo que se nos pide. Se puede
decir que es una ley: Si damos
más recibimos más,
aunque a veces recibir resulte
algo tardado en el tiempo. Piense,
por ejemplo, en su vida cuando
era estudiante (tal vez algunos
aún estemos experimentando
esa etapa), cuando en muchas
ocasiones le tocó asumir
la responsabilidad de alguna
tarea porque sus "equipo"
simplemente no se dedico a trabajar,
o cuando notó que sus
compañeros se irían
por el camino fácil y
usted decidió que tomar
un atajo sólo lo conduciría
a sentirse decepcionado de sí
mismo. En cada ocasión
usted tuvo que dar más
de sí, con el propósito
de alcanzar sus objetivos. Ahora
piense en su empleo y en las
veces que le han insinuado dejar
una transacción o papeleo
para más tarde, pero
en vez de ceder, usted ha decidido
que su honor es más importante
y sigue con su trabajo aunque
otros comienzan a usar algunos
títulos peyorativos para
referirse a su persona.
Dar
más de Sí siempre
da resultados.
Hace
casi dos mil años el
gran Maestro Jesús dijo:
"si alguien te obliga a
llevar una carga una milla,
ve con ella dos". Limitarse
a hacer lo mínimo es
ser uno entre el montón,
pero hacer las cosas en forma
extraordinaria es convertirnos
en personas indispensables.
De allí que debemos reconocer
que "el éxito no
llega al que espera ociosamente
que la oportunidad lo llame.
En cambio, es para los que fielmente
realizan hoy las tareas que
son necesarias" (según
nos lo dice Sergio V. Collins).
Es
verdad que hay ocasiones en
las que nos sentimos tentados
a dejar tareas pendientes, pero
en ese momento tenemos la opción
de decidir dar más de
nosotros mismos. Rafael Escandón
escribe en su libro Reflexiones
para hoy. Y mañana: "En
nuestra sociedad, hay personas
que se limitan a hacer lo mínimo:
trabajadores que sólo
ponen horas para pasar el tiempo;
estudiantes que estudian apenas
lo que les toca estudiar; profesionales
que rinden sus servicios sólo
durante las horas de oficina;
padres que descuidan a sus hijos,
e hijos que no respetan a sus
padres; personas que viven al
día sin hacer provisiones
para el día de mañana".
Pero,
¿cuáles son los
resultados de dar más
de lo que nos piden? Como dije
antes, aunque resulte un poco
tardado en el tiempo, la persona
que es laboriosa y siempre activa
tiene asegurado delante de sí
un futuro de verdadero éxito
y realizaciones, pues cada día
vive con el único estándar
que ve posible seguir: la excelencia.
Hace
muchos años un jovencito
entró a la oficina central
de la Western Union (compañía
de telégrafos) y rogó
a la recepcionista que le permitiera
ver al superintendente, el señor
Miliken.
La
secretaria fue a la oficina
del Sr. Miliken y le dijo:
-
Un muchacho bastante rústico
desea verlo. Es de Port Huron
y se llama Tomás Edison.
- Hágalo entrar ahora
mismo, señorita - fue
la repuesta, recordando la carta
de solicitud de empleo que en
jovencito le había escrito
tan magníficamente algunos
días antes.
Cuando
Tomás entró, el
Sr. Miliken no pudo evitar echarle
una mirada de pies a cabeza,
pues iba despeinado, con pantalones
remendados y los zapatos bastante
gastados. "¿Cómo
era posible que un joven tan
descuidado escribiera tan bien?",
se preguntó el superintendente.
Y cuando Tomás se sentó
para rendir el examen de velocidad
como operario telegráfico,
los demás operarios se
detuvieron para reírse
del aspecto del pobre muchacho,
pues lo que esperaban era que
hiciera el papel de un mero
principiante. Pero las risas
burlonas comenzaron a silenciarse
cuando vieron que los mensajes
salían a una velocidad
cada vez mayor de las manos
de Edison. El secreto: tenía
el hábito de concentrarse
en lo que hacía, y en
su pueblo natal practicaba 18
horas diarias, lo que lo convirtió
en un verdadero experto.
Como
todos sabemos, la brillante
carrera de Tomás Edison
no termino en la oficina de
telégrafos, pero su entusiasmo
frente al trabajo y su hábito
de dar más de sí
mismo, lo siguieron siempre,
por ello, él se convirtió
en uno de los más grandes
inventores de todos los tiempos,
beneficiándonos aun a
nosotros.
Me
parece que la lección
es clara: El verdadero éxito
está asegurado para aquél
que está dispuesto a
trabajar con entusiasmo, a dar
más de sí mismo
y a procurarse las oportunidades
que lo conducirán a alcanzar
sus más preciados objetivos.
Así
que sólo me resta una
pregunta por hacer: La próxima
vez que nos toque realizar una
tarea, por pequeña que
nos parezca, ¿vamos a
utilizar sólo una mano
o vamos a usar las dos?
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