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Hermanos:
Ambicionad los carismas mejores. Y aún
os voy a mostrar un camino excepcional.
Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles;
si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos
que aturden.
Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos
y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas;
si no tengo amor, no soy nada.
Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aún dejarme
quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe;
no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del
mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites,
aguanta sin límites.
El amor no pasa nunca.
¿El don de profecía?, se acabará. ¿El don
de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará.
Porque limitado es nuestro saber y limitada es nuestra profecía;
pero cuando venga lo perfecto, lo limitado se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía
como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre
acabé con las cosas de niño.
Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. Mi
conocer es por ahora limitado; entonces podré conocer como Dios
me conoce.
En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más
grande es el amor.
Palabra de Dios.
*Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo
a los Corintios 12, 31-13, 13



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