Un día, hace algunos años, conversando con varios amigos, me percaté de lo pequeño de mi familia, y todavía rodando el dolor de algunas muertes recientes, me sentí mal cuando uno de ellos me dijo:
"-debes prepararte, porque uno se va quedando solo".

Hoy agradezco estas palabras porque me permitieron comprender lo que actualmente, luego de un largo periplo, he podido hacer carne en mí.

No cabe duda que si nadie nos enseñó a qué hacer con la vida, mucho menos nos asomaron qué hacer con la muerte, no sólo con la de los que queremos, sino con la nuestra.

Nuestra cultura, ya agonizante en muchos aspectos, nos dio en respuesta a estas oscuridades, pensamientos como:

"La vida es corta, ¡vívela!,
Lo único seguro es morirse,
En la muerte todos somos iguales,
De pronto te mueres y todo se acaba".

Todos estos pensamientos te subrayan un mismo y gran pensamiento:

LA MUERTE ES LO OPUESTO A LA VIDA, y es éste el que nos esclaviza y nos mantiene en un nado continuo, rápido y directo a la muerte, por eso, bien dice Leonard Orr:

EL PROBLEMA NO ES MORIRSE, ES VIVIR MURIÉNDOSE.

LA VIDA NO TIENE OPUESTOS, es un milagro, en ella ocurren transformaciones, ciclos, vivencias, amores, desamores, etc., pero no opone a nada porque sigue .

Opuesto a la muerte es nacer, nunca la vida, porque vivir es como el mar, el cielo, el viento, ¿te has imaginado que esto desaparezca?

Nunca está inscrito en el milagro, y lo que allí se inscribe no tiene fin. Por eso no entendemos la TRANSFORMACIÓN, y la boicoteamos porque nos refiere solamente el temible reloj que nos enseñaron a temerle porque el fin se acerca.

Todo esto es una idea que desdice de la creación, del amor y del milagro. De allí que encuentres al planeta entero peleando contra el tiempo, la vejez, el deterioro, la enfermedad, al no poder, hasta deformarse en el intento y sucumbir inevitablemente al peso del fin.

Nos cuesta aceptar el encanto de los ciclos, de los cambios, la desaparición de lo viejo, por el regreso de lo nuevo. La gente vive una vida deprimida, sin sentido, resentida, pero se resiste al fin.

Porque en el fondo de todas estas ideas mortuorias, nuestra alma sabe la verdad, pero al no hacerla consciente, no la vive con calidad.

La llamada muerte es una forma de transformación del ciclo de nacer, la vida continúa. Por eso en este instante, mientras lees, toma contacto con alguien que se haya transformado en tu vida, de quien que no tengas su presencia, deja que te toque, que te abrace, siente su calor; en este instante ese ser está vivo en ti.

Por eso, para contactar la vida, sólo hace falta el amor.

No trato de elaborar un tratado filosófico acerca de la muerte o de la vida, simplemente, la que nos vendieron, no nos ha servido, por eso nuestro gran alivio ha sido matar, desaparecer, alejar, dar la espalda, negar, señalar o discriminar.

Y así, tenemos la ilusión de desaparecer a alguien o a algo, y creemos que el problema no está, cuando éste seguirá llamando nuestra atención y envenenando nuestro corazón.

El miedo a morir sólo forma parte de la idea de fin, de la ignorancia del proceso y del no permitirse el disfrute de la transformación, mientras no abramos las cortinas de la vida, seguiremos perseguidos por el dolor, la deformación, el deterioro y la inevitable oscuridad; por todo esto, les invito a dar un sentido grito de alivio:

¡DÉJENME VIVIR!

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