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A
veces me parece haber
perdido
mi pedestal, estatua fracturada;
y la lenta, inflexible
dentellada
de los años mi
nombre ha removido.
No recuerdo quién
soy, ni quién he
sido,
ruina de mármol,
dignidad truncada,
tal vez atraje un día
la mirada,
y hoy me cerca la sombra
del descuido.
Si junto a mí pasaras,
caminante,
detén tu paso y
mírame un instante,
que tantos han pasado
ya de largo.
Mis fragmentos quizá
cobrarán vida,
que no estoy muerta, no,
sólo dormida,
en sueño tan profundo
como amargo.
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