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DOMINGO
7
V
DOMINGO ORDINARIO
Santos:
Ricardo de Inglaterra, rey, y Juan de Triora,
Mártir. Beato Nivardo de Claraval, monje.
(Verde)
ANTÍFONA
DE ENTRADA (Sal 94, 6-7)
Entremos
y adoremos de rodillas al Señor, creador
nuestro, porque Él es nuestro Dios.
Se
dice Gloria.
ORACIÓN
COLECTA
Señor,
que tu amor incansable cuide y proteja siempre
a estos hijos tuyos, que han puesto en tu gracia
toda su esperanza. Por nuestro Señor
Jesucristo...
LITURGIA
DE LA PALABRA
Lectura
del libro del profeta Isaías: 6, 1-2.
3-8
El
año de la muerte del rey Ozías,
vi al Señor, sentado sobre un trono muy
alto y magnífico. La orla de su manto
llenaba el templo. Había dos serafines
junto a él, con seis alas cada uno, que
se gritaban el uno al otro:
"Santo, santo, santo es el Señor,
Dios de los ejércitos; su gloria llena
toda la tierra".
Temblaban las puertas al clamor de su voz y
el templo se llenaba de humo. Entonces exclamé:
"¡Ay de mí!, estoy perdido,
porque soy un hombre de labios impuros, que
habito en medio de un pueblo de labios impuros,
porque he visto con mis ojos al Rey y Señor
de los ejércitos".
Después voló hacia mí uno
de los serafines. Llevaba en la mano una brasa,
que había tomado del altar con unas tenazas.
Con la brasa me tocó la boca, diciéndome:
"Mira: Esto ha tocado tus labios. Tu iniquidad
ha sido quitada y tus pecados están perdonados".
Escuché entonces la voz del Señor
que decía: "¿A quién
enviaré? ¿Quién irá
de parte mía?". Yo le respondí:
"Aquí estoy, Señor, envíame".
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
El
sacerdote Isaías contempla la señal
de la gloria de Dios entre el incienso y el
humo del altar. Reconoce el llamado del Señor
y se dispone a servirle como portavoz de su
palabra, clara y exigente.
Del
salmo 137 R/. Cuando te invocamos, Señor,
nos escuchaste.
De todo corazón te damos gracias, Señor,
porque escuchaste nuestros ruegos. Te cantaremos
delante de tus ángeles. Te adoraremos
en tu templo. R/.
Señor, te damos gracias por tu lealtad
y por tu amor: siempre que te invocamos nos
oíste y nos llenaste de valor. R/.
Que todos los reyes de la tierra te reconozcan
al escuchar tus prodigios. Que alaben tus caminos,
porque tu gloria es inmensa. R/.
Tu mano, Señor, nos pondrá a salvo,
y así concluirás en nosotros tu
obra. Señor, tu amor perdura eternamente;
obra tuya soy, no me abandones. R/.
Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo
a los corintios: 15, 1-11
Hermanos:
Les recuerdo el Evangelio que yo les prediqué
y que ustedes aceptaron y en el cual están
firmes. Este Evangelio los salvará, si
lo cumplen tal y como yo lo prediqué.
De otro modo, habrán creído en
vano.
Les transmití, ante todo, lo que yo mismo
recibí: que Cristo murió por nuestros
pecados, como dicen las Escrituras; que fue
sepultado y que resucitó al tercer día,
según estaba escrito; que se le apareció
a Pedro y luego a los Doce; después se
apareció a más de quinientos hermanos
reunidos, la mayoría de los cuales vive
aún y otros ya murieron. Más tarde
se le apareció a Santiago y luego a todos
los apóstoles.
Finalmente, se me apareció también
a mí, que soy como un aborto. Porque
yo perseguí a la Iglesia de Dios y por
eso soy el último de los apóstoles
e indigno de llamarme apóstol. Sin embargo,
por la gracia de Dios, soy lo que soy, y su
gracia no ha sido estéril en mí;
al contrario, he trabajado más que todos
ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia
de Dios, que está conmigo. De cualquier
manera, sea yo, sean ellos, esto es lo que nosotros
predicamos y esto mismo lo que ustedes han creído.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Los
testigos del resucitado están en el cimiento
de nuestra fe apostólica. No le apostamos
a una esperanza vana. La fe se transmite, dándola.
Nadie accede por si solo a la fe.
ACLAMACIÓN
(Mt 4, 19) R/. Aleluya, aleluya.
Síganme, dice el Señor, y yo los
haré pescadores de hombres. R/.
Lectura
(Proclamación) del santo Evangelio según
san Lucas: 5, 1-11
En
aquel tiempo, Jesús estaba a orillas
del lago de Genesaret y la gente se agolpaba
en torno suyo para oír la palabra de
Dios. Jesús vio dos barcas que estaban
junto a la orilla. Los pescadores habían
desembarcado y estaban lavando las redes. Subió
Jesús a una de las barcas, la de Simón,
le pidió que la alejara un poco de tierra,
y sentado en la barca, enseñaba a la
multitud.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
"Lleva la barca mar adentro y echen sus
redes para pescar". Simón replicó:
"Maestro, hemos trabajado toda la noche
y no hemos pescado nada, pero, confiado en tu
palabra, echaré las redes". Así
lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados,
que las redes se rompían. Entonces hicieron
señas a sus compañeros, que estaban
en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos.
Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas,
que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó
a los pies de Jesús y le dijo: "¡Apártate
de mí, Señor, porque soy un pecador!".
Porque tanto él como sus compañeros
estaban llenos de asombro al ver la pesca que
habían conseguido. Lo mismo les pasaba
a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran
compañeros de Simón.
Entonces Jesús le dijo a Simón:
"No temas; desde ahora serás pescador
de hombres". Luego llevaron las barcas
a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor
Jesús.
Los
pescadores salen como todos los dias cargando
sus redes. Ese día se liberan de cargas
y ataduras. Al disponerse a seguir a Jesús,
toman una opción radical y decisiva.
Credo.
ORACIÓN
UNIVERSAL
Con
fe y confianza, y con un corazón muy
abierto al mundo entero, presentemos nuestra
oración al Padre.
A cada petición diremos: Padre, escúchanos.
Por todos los que formamos la Iglesia. Que vivamos
fraternalmente y ayudemos a construir un mundo
más libre y más humano. Oremos:
Por los religiosos y religiosas, para que crezcan
cada día en la fe y en la esperanza,
y den un buen testimonio del amor de Dios en
medio del mundo. Oremos:
Por nuestro país, para que tengamos prosperidad,
y el bienestar llegue a todos los que aquí
vivimos Oremos:
Por las familias que pasan dificultades, para
que encuentren el apoyo que necesitan para salir
adelante. Oremos.
Por nosotros, para que estemos atentos a las
llamadas que Dios nos hace en nuestra vida.
Oremos:
Escucha, Padre, los deseos y plegarias de tu
pueblo; danos luz para conocer tu voluntad y
la fuerza necesaria para cumplirla. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
ORACIÓN
SOBRE LAS OFRENDAS
Señor,
Dios nuestro, tú que nos has dado este
pan y este vino para reparar nuestras fuerzas,
conviértelos para nosotros en sacramento
de vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio para los domingos del Tiempo ordinario.
ANTÍFONA
DE LA COMUNIÓN (Sal 106, 8-9)
Demos
gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace por su pueblo; porque
da de beber al que tiene sed y les da de comer
a los hambrientos.
ORACIÓN
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor,
tú que has querido hacernos participar
de un mismo pan y de un mismo cáliz,
concédenos vivir de tal manera unidos
en Cristo, que nuestro trabajo sea eficaz para
la salvación del mundo. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
UNA
REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO.- Cuando
se vive inmerso en una sociedad que valora desmedidamente
los valores privados y el beneficio individual,
resulta contracorriente vivir rupturas que impliquen
desarraigarnos de nuestras seguridades. El confort,
la seguridad y el bienestar nos encadenan a
un montón de vanidades que no nos dejan
poner la mi rada en lo alto. Vivimos frecuentemente
a ras de tierra. Los pescadores de Galilea se
mantienen anclados dentro de las grandes promesas
hechas por Dios a Israel. Cuando descubren que
dichas promesas despuntan con fuerza en la vida
y la misión de Jesús de Nazaret,
lo dejan todo y lo siguen. Este no es un relato
legendario, sino una historia de vida que nos
interpela.
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