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DOMINGO
14
VI
DOMINGO ORDINARIO
Nuestra
Señora de la Esperanza
Santos:
Cirilo, monje; Metodio, obispo de Tesalónica,
y Juan Bautista de la Concepción, presbítero
ANTÍFONA
DE ENTRADA (Sal 30, 3-4)
Sírveme
de defensa, Dios mío, de roca y fortaleza
salvadoras; y pues eres mi baluarte y mi refugio,
acompáñame y guíame.
Se
dice Gloria.
ORACIÓN
COLECTA
Señor
nuestro, que prometiste venir y hacer tu morada
en los corazones rectos y sinceros, concédenos
la rectitud y sinceridad de vida que nos hagan
dignos de esa presencia tuya. Por nuestro Señor
Jesucristo...
LITURGIA
DE LA PALABRA
Lectura
del libro del profeta Jeremías: 17, 5-8
Esto
dice el Señor: "Maldito el hombre
que confía en el hombre, que en él
pone su fuerza y aparta del Señor su
corazón. Será como un cardo en
la estepa, que nunca disfrutará de la
lluvia. Vivirá en la aridez del desierto,
en una tierra salobre e inhabitable.
Bendito el hombre que confía en el Señor
y en Él pone su esperanza. Será
como un árbol plantado junto al agua,
que hunde en la corriente sus raíces;
cuando llegue el calor, no lo sentirá
y sus hojas se conservarán siempre verdes;
en año de sequía no se marchitará
ni dejará de dar frutos". Palabra
de Dios. Te alabamos, Señor.
Este
texto no ahoga por una antropología pesimista.
Simplemente pretende jerarquizar las preferencias.
El
creyente tendrá que aprender a poner
su esperanza en Dios antes que en los mortales.
Del
salmo I R/. Dichoso el hombre que confía
en el Señor.
Dichoso aquel que no se guía por mundanos
criterios, que no anda en malos pasos ni se
burla del bueno, que ama la ley de Dios y se
goza en cumplir sus mandamientos. R/.
Es como un árbol plantado junto al río,
que da fruto a su tiempo y nunca se marchita.
En todo tendrá éxito. R/.
En cambio los malvados serán como la
paja barrida por el viento. Porque el Señor
protege el camino del justo y al malo sus caminos
acaban por perderlo. R/.
Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo
a los corintios: 15, 12.16-20
Hermanos:
Si hemos predicado que Cristo resucitó
de entre los muertos, ¿cómo es
que algunos de ustedes andan diciendo que los
muertos no resucitan? Porque si los muertos
no resucitan, tampoco Cristo resucitó.
Y si Cristo no resucitó, es vana la fe
de ustedes; y por lo tanto, aún viven
ustedes en pecado, y los que murieron en Cristo,
perecieron. Si nuestra esperanza en Cristo se
redujera tan sólo a las cosas de esta
vida, seríamos los más infelices
de todos los hombres. Pero no es así,
porque Cristo resucitó, y resucitó
como la primicia de todos los muertos. Palabra
de Dios. Te alabamos, Señor.
No
hay manera de consolidar una esperanza plena
en nuestra breve existencia terrenal. Son millones
los que viven una exclusión impuesta.
Dios no permanece indiferente a esa injusticia.
ACLAMACIÓN
(Lc 6, 23) R/. Aleluya, aleluya.
Alégrense ese día y salten de
gozo, porque su recompensa será grande
en el cielo, dice el Señor. R/.
Lectura
(Proclamación) del santo Evangelio según
san Lucas: 6, 17. 20-26
En
aquel tiempo, Jesús descendió
del monte con sus discípulos y sus apóstoles
y se detuvo en un llano. Allí se encontraba
mucha gente, que había venido tanto de
Judea y de Jerusalén, como de la costa
de Tiro y de Sidón.
Mirando entonces a sus discípulos, Jesús
les dijo: "Dichosos ustedes los pobres,
porque de ustedes es el Reino de Dios. Dichosos
ustedes los que ahora tienen hambre, porque
serán saciados. Dichosos ustedes los
que lloran ahora, porque al fin reirán.
Dichosos serán ustedes cuando los hombres
los aborrezcan y los expulsen de entre ellos,
y cuando los insulten y maldigan por causa del
Hijo del hombre. Alégrense ese día
y salten de gozo, porque su recompensa será
grande en el cielo. Pues así trataron
sus padres a los profetas.
Pero, ¡ay de ustedes, los ricos, porque
ya tienen ahora su consuelo! ¡Ay de ustedes,
los que se hartan ahora, porque después
tendrán hambre! ¡Ay de ustedes,
los que ríen ahora, porque llorarán
de pena! ¡Ay de ustedes, cuando todo el
mundo los alabe, porque de ese modo trataron
sus padres a los falsos profetas!". Palabra
del Señor. Gloria a ti, Señor
Jesús.
La
dicha que Dios otorga a los pobres y los hambrientos
no es una oferta engañosa. El Reino de
Dios desencadena una transformación personal
que implica un cambio social humanizador.
Credo.
ORACIÓN
UNIVERSAL
En
este domingo en el que hemos escuchado a Jesús
proclamando las bienaventuranzas, tengamos presentes
en nuestra celebración a todos los que
pasan hambre en el mundo y a los enfermos, especialmente
por los que no tienen quién vea por ellos.
Después
de cada petición diremos: Escúchanos,
Padre.
Para
que la Iglesia sea siempre, con su palabra y
con sus actuaciones, un testimonio del amor
de Dios hacia todos los que sufren. Oremos:
Para que todos aquellos que viven la tragedia
del hambre puedan salir de su situación
y llevar una vida digna y feliz. Oremos:
Para que quienes tienen en sus manos el poder
de este mundo hagan posible que la riqueza llegue
a todos y se acabe el hambre y la pobreza Oremos:
Para que los enfermos estén bien atendidos,
y se sientan acompañados por el consuelo
de Dios y por el afecto de los que están
a su alrededor. Oremos:
Para que... Oremos:
Para que todos nosotros crezcamos cada día
en la fe, la esperanza y el amor. Oremos:
Escucha nuestra oración, Padre del amor,
y haz que todos los hombres y mujeres de buena
voluntad trabajemos unidos al servicio de nuestros
hermanos que sufren. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
ORACIÓN
SOBRE LAS OFRENDAS
Que
este sacrificio, Señor, que vamos a ofrecerte,
nos purifique, nos renueve y nos ayude a obtener
la recompensa eterna, prometida a quienes cumplen
tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio
para los domingos del Tiempo ordinario.
ANTÍFONA
DE LA COMUNIÓN (Jn 3, 16)
Tanto
amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo
único para que todo el que crea en Él
no perezca, sino que tenga la vida eterna.
ORACIÓN
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor,
aviva cada vez más en nosotros el deseo
de recibir este pan eucarístico, por
medio del cual nos comunicas tú la vida
verdadera Por Jesucristo, nuestro Señor.
UNA
REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO.-La crítica
es de sobra conocida. Pensadores ateos han criticado
a las religiones, en particular al cristianismo,
por ser el opio del pueblo. El mensaje de esperanza
que Jesús nos proclama no esta desarraigado
ni se evade de las responsabilidades históricas.
Al contrario, el Reino de Dios es un proyecto
transformador que genera un verdadero cambio
personal, familiar y social. Quienes toman a
Jesús y su evangelio como el referente
fundamental de su vida, reajustan sus relaciones
y valores. Además, aprenden a promover
una paz por la justicia, una fraternidad sin
discriminaciones, así corno una sociedad
de iguales en un clima de libertad y respeto.
Los pobres son dichosos porque Dios empuja el
alba del reino en el corazón de los creyentes,
que se ocuparán de concretarlo en la
historia.
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