
Contra
las adversidades me encontré y contra ellas batallé.
A veces
con ira, otras veces con temor.
Intenté estando solo, pero no encontré mas que
dolor.
Batallé
con otros al lado, gritando y con valentía, sin embargo
luego de la derrota solo quedaba la apatía.
Cansado
y abatido por tantas penas, no sentí mas deseo de enfrentar
aquello que con lo que tanto había luchado.
Mas
un buen día vencí, no con violencia, ni con armas,
odio ni agresividad, sino dándome cuenta, de que la mejor
forma de ganar una batalla, es de rodillas, en oración...
pidiendo a quien por excelencia es vencedor.
©Arturo
Quirós Lépiz