Cuenta la leyenda que el granjero llamó un día a su hijo y le dijo:

Hijo, has cumplido 12 años y tienes que hacerte cargo de tus
responsabilidades... aquí te hago entrega de tus herramientas.

Lo primero que te daré será este hacha.

El pequeño, orgulloso de ser considerado ya mayor, se emocionó y tomó el hacha con las manos temblorosas.

¡Gracias Padre!, me siento muy feliz.

El padre, le señaló un grueso tronco acomodado sobre unas trabas y le dijo:

Ahora, úsala y ¡corta ese tronco!

J¡amás sabría como cortar ese tronco!, ¡es demasiado grande para mi! -exclamó con pena y vergüenza el joven-

El padre, le pasó el brazo sobre el hombro y le dijo:

Nunca sabrás si no lo intentas. ¡Hazlo!

El joven sabía que era un tronco demasiado grueso para sus fuerzas, pese a eso y para no decepcionar a su padre, levantó con esfuerzo la pesada hacha y descargó el más fuerte golpe del que era capaz.

Como era de esperarse el hacha quedó clavada en el tronco y el pobre muchacho hacía esfuerzos desesperados por liberarla sin poder lograrlo.

Con una sonrisa, el padre le paóo una mano por su cabeza y le dijo:

Hijo, lo primero que tienes que aprender es que la verdadera fuerza no está en tus brazos. ¡Está en tu cabeza! Con inteligencia y esfuerzo conseguirás lo que te propongas.

El consejo que voy a darte ahora es que NO tienes que fijarte objetivos desmesurados y fuera de tus capacidades para lograrlos de inmediato. Todo será más sencillo si regulas tus fuerzas a tu nivel y usas la inteligencia.

Acto seguido tomó el hacha y, dándole una pequeña inclinación dio un golpe en un sentido y otro más en el sentido contrario produciendo una pequeña muesca en el tronco. Las astillas saltaron en todas direcciones. Luego, pasó el hacha al muchacho y lo invitó a que continuase.

El joven, dando golpes en un sentido y en otro empezó a profundizar el corte, al cabo de una dura y esforzada hora el grueso tronco con un fuerte ruido de quiebre final, cayó al suelo partido al medio.

Feliz y adolorido el muchacho se dirigió hasta donde estaba su padre en las labores y le dijo:

¡Entendí!, cuando una tarea sea demasiado grande para terminarla de un solo golpe debo encararla dividiendo la misma en objetivos ¡más pequeños!, si soy persistente y no cedo terminaré siempre por lograrlo.

El padre con una sonrisa afectuosa y feliz ante la nueva sabiduría de su pequeño hijo, sacó un pan de su morral y juntos se detuvieron a ver el atardecer mientras disfrutaban de su bien ganado descanso.

- LOS TRONCOS SE CORTAN EN VARIOS GOLPES!

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