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Nuestro comportamiento
y nuestra programación subconscientes interactúan
con el concepto que sobre nosotros mismos tenemos. Si nos sentimos
mal con nosotros mismos, tendemos a desquitarnos con nuestra propia
persona.
No necesariamente
tiene que ser un acto consciente. El trato que nos damos automáticamente
refleja el grado de aprecio que tenemos por nosotros mismos en
un momento determinado. Es de capital importancia que hagamos
todo lo que esté en nuestras manos para no dejar de tener
pensamientos positivos. De esta manera lograremos seguir siendo
felices. Una mala imagen personal nos lleva a pensar que no merecemos
nada.
Ésto
conduce inconscientemente a sabotear la propia felicidad. La persona
que tiene una pobre imagen de sí misma hallará razones,
consciente o subconscientemente, para dar al traste con todo.
Cambiar es
difícil. La mala imagen tiene a perpetuarse a sí
misma. Al lanzarnos en pos del cambio, la tendencia será
continuar representando los viejos patrones de culpabilidad y
auto denigración.
Amar al prójimo
como a uno mismo implica que debemos amarnos a nosotros mismos,
que debemos mantener un equilibrio entre nuestras necesidades
y las necesidades del prójimo, respetar ambas partes.
Cada uno de
tus pensamientos afecta la química en una fracción
de segundo. La conexión entre mente y cuerpo es tan estrecha
que, con mucha frecuencia, cuando queremos evitar algo, nuestro
subconsciente hará lo necesario para que se realice. Reconocer
que estas situaciones nos suceden es ya parte de la solución.
Nuestro sistema de creencias y expectativas puede mantenernos
enfermos.
A muy temprana
edad aprendemos que enfermarse es una de las maneras más
eficaces de llamar la atención. Para algunos es la única.
Algunas personas jamás superan esta idea y se las arreglan
para pasarse toda la vida enfermas. El hecho es que quienes sienten
amor y seguridad sufren muchas menos enfermedades que aquellos
que no se sienten realizados y tienen una gran dosis de inseguridad.
Las emociones
y los sentimientos reprimidos afectan nuestra salud. Para estar
saludables y llenos de energía, debemos alimentar las emociones
positivas y expresar nuestros sentimientos. También es
muy importante creer que merecemos estar saludables. Si albergamos
sin razón pensamientos subconscientes negativos, una de
las maneras clásicas de sufrir es a través de una
mala salud; a veces de por vida. Muchas personas tienen la idea
de que la buena salud no es más que la ausencia de enfermedad.
Si analizamos
la conexión entre mente y cuerpo, es fácil entender
en qué medida nuestro cuerpo es afectado por el estado
de nuestra mente. A nivel humano, la mente es el arquitecto del
cuerpo; y el cuerpo es un reflejo de tus pensamientos. Si te consumen
la ira, el miedo y las emociones reprimidas, tu cuerpo lo reflejará.
Procura que
tus pensamientos sean saludables y placenteros. Piensa que eres
una persona sana. Recuerda, la buena salud es un derecho que te
corresponde por nacimiento y mereces estar sano. Sobre todo, sé
benévolo contigo mismo.
El dolor tiene
una razón de ser. El dolor emocional también. Si
algo nos molesta o nos preocupa podemos interpretarlo como un
mensaje que nos insta a abordar las cosas de otro modo, o a verlas
de manera diferente. Si nos sentimos heridos, decepcionados o
abandonados por un ser querido, el mensaje puede ser que ames
a tus seres queridos sin esperar nada, que recibas lo que te quieran
dar sin juzgarlos o que no permitas que las acciones de los demás
destruyan tu autoestima.
El trastorno
emocional puede hacer que vuelvas a sopesar tus prioridades. La
gente con éxito aprende de tales experiencias y ajusta
sus acciones de modo que los tropiezos de la vida resulten menos
dolorosos.
El dolor nos
hace abrir los ojos. Nos induce a observar las cosas de manera
diferente. Si continuamos haciendo la misma tontería seguiremos
sufriendo. Hay quienes se las ingenian para que un dolor les dure
todos los días del año. Nunca se dan cuenta de que
llegó el momento de retirar la mano de la estufa.
Si nos rodeamos
de gente criticona, nos haremos afectos a criticar. Si nos asociamos
con gente feliz, aprenderemos acerca de la alegría. Si
frecuentas a gente desordenada, te harás desordenado. Si
te relacionas con personas entusiastas, te volverás entusiasta.
Las personas aventureras nos ayudan a convertirnos en aventureros,
y las personas prósperas son una inspiración para
hacernos prósperos. Tenemos que decidir qué queremos
de la vida y, elegir con quiénes relacionarnos. Si te interesa
seriamente cambiar de vida, procura cambiar tu entorno.
Lo mejor que
puedes hacer por los pobres es no ser uno de ellos. Nuestros pensamientos
conscientes y subconscientes siempre generan resultados positivos
y negativos en nuestras vidas, incluso contribuyen a determinar
la cantidad de dinero que tenemos en el banco. Tu prosperidad
o falta de ella es resultado de tu pensamiento. Tu mente y tu
sistema de creencias te tienen en la posición en que te
encuentras, y tu mente será próspera o pobre, dependiendo
de la manera en que la entrenes. Lo que piensas es lo que recibes.
Si te haces a la idea de ser pobre, serás pobre. Si te
haces a la idea de ser próspero, serás próspero.
Debido a que la vida suele depararnos, en buena medida, lo que
esperamos de ella, si esperas tener poco, poco tendrás.
Si deseas
hacer dinero, o ahorrarlo, tienes que sentirte a gusto con él.
Si te hace sentirte incómodo, te las ingeniarás
subconscientemente, o incluso conscientemente, para deshacerte
de él.
Para prosperar,
debemos sentirnos a gusto con la prosperidad de los demás.
Si te has hecho a la idea de que los ricos son detestables, seguirás
siendo pobre para no detestarte a ti mismo.
Es importante
que sientas que mereces ayuda y dinero debido a que tu capacidad
de recibir determina tu prosperidad. Si sentimos demasiado apego
al dinero resulta difícil hacerlo y difícil conservarlo.
Si eres torpe para manejar el éxito, procurarás
evitarlo.


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