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Nadia
pasó el otoño entero
sembrando y preparando su jardín.
Las flores se abrieron en primavera,
y Nadia reparó en algunos
dientes de león, que él
no había plantado.
Nadia
los arrancó, pero el polen
ya se había esparcido,
y otros volvieron a crecer. Trató
entonces de encontrar un veneno
que afectara solamente a los dientes
de león. Un técnico
le dijo que cualquier veneno terminaría
matando a las otras flores.
Desesperado,
pidió ayuda a un jardinero,
-
Es igual que el casamiento - comentó
el jardinero. Junto con las cosas
buenas, terminan siempre viniendo
algunos pocos inconvenientes.
-
¿Qué hago?
-
Nada. Aunque sean flores que tú
no pensabas tener, ya forman parte
de tu jardín.

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