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El
hombre busca la felicidad, y el
mundo de hoy, detrás del
cual está Satanás,
le hace creer al hombre que la
felicidad la encontrará
en las cosas materiales, en el
tener más artefactos y
cosas, en el tener más
dinero y propiedades, y así
se produce como una carrera por
tener cada vez más y quedar
atrapados en esta vorágine
del tener.
¿Pero
el hombre es sólo materia?
¡No! Es también espíritu,
es alma, y por ende necesita también
el bienestar espiritual, que sólo
lo alcanza quien está en
paz con Dios, con una conciencia
tranquila y con el alma en gracia
de Dios.
Esto
nadie lo dice hoy en día
y así la humanidad está
corriendo tras las cosas materiales,
tratando de hacer un paraíso
en la tierra, y no se da cuenta
de que está siendo guiada
por el Maligno hacia un abismo
del que no se sale.
Nos
puede pasar a cualquiera de nosotros,
porque la tentación es
muy grande y son muchas las cosas
que hoy la tecnología nos
ofrece, y a veces suele pasar
que en lugar de que la técnica
esté al servicio del hombre,
pasa el hombre a ser un esclavo
de la técnica y de los
avances tecnológicos.
¿Cómo
hacer para resistir, para usar
las cosas pero con la mirada puesta
en el Cielo? Simplemente con la
oración, que no debemos
dejarla jamás, por ningún
motivo, porque este es el primer
paso para quedar envueltos en
el materialismo, que es el error
de Satanás.
Si
rezamos, especialmente el Santo
Rosario, entonces tendremos una
mente clara y una visión
justa de la realidad, y pondremos
las cosas espirituales por encima
de todo.
Si
no rezamos caeremos en el materialismo,
en el querer ser felices en las
cosas que tenemos. Y si miramos
televisión peor todavía,
porque a través de este
poderoso medio de comunicación,
el demonio nos muestra la felicidad
falsa del tener.
Ya
lo ha dicho Cristo: "No se
puede servir a dos señores
opuestos: Dios y el Dinero, porque
se amará a uno y se despreciará
al otro".
Así
que atención con nuestro
corazón, porque donde esté
nuestro tesoro, allí mismo
estará también nuestro
corazón. Meditemos seriamente
y veamos dónde tenemos
puesto nuestro corazón,
y si está en lugar equivocado,
es tiempo de corregir el rumbo.
Desconozco
su autor
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