¿Dónde
están los milagros?
Preguntan los hombres
y mujeres de hoy, que
van buscando por el
mundo, pruebas del infinito
amor de Dios. ¿Dónde
los estamos buscando,
si somos el Milagro
más grande de
la creación?...
El
milagro de abrir los
ojos a un nuevo día,
el tener la oportunidad
de hacer de tu vida
lo que quieras hoy,
el sentirte vivo a pesar
de cualquier momento
asumido, el ser capaces
de sentir los latidos
que da sin parar el
corazón.
Basta
creer, no perder nunca
la fe, ser capaces de
ver más allá,
tener esa capacidad
de asombro que nos ayuda
a disfrutar de la magia
que nos ofrece la naturaleza
y toda la grandeza que
en nosotros a semejanza
de Dios, hay.
Cuando
se es niño, se
cree en los sueños,
la magia y la fantasía,
tenemos la certeza que
Dios todo lo puede y
que si luchamos por
ello, nuestras ilusiones
se pueden hacer realidad;
a medida que pasa el
tiempo y vamos creciendo,
los momentos fantásticos
se volverán cada
vez más cortos;
sin darnos cuenta, nos
olvidamos de muchas
cosas y dejamos de creer
en casi todo.
Hay
quienes consideran que
en las personas con
discapacidades no existe
la perfección
de Dios; ¡qué
ciegos son, aún
teniendo ojos que ven!,
porque no logran comprender,
que en lo más
pequeño y aparentemente
imperfecto, ahí
es donde se dan tantos
milagros que a todo
aquel que lo descubra
le ha de sorprender.
¿Quién
no logra asombrarse
cuando ve a un ser humano
que sin manos pinta
con la boca o con los
pies? ¿Quién
no llora de emoción,
cuando descubre que
alguien con alguna limitación
alcanza cosas más
grandes que aquellos
a quién aparentemente
nada les faltó?
Cuando se piensa que
se tiene todo, se limitan
los sueños, se
debilita la fe, se acaba
el sentimiento de búsqueda,
nada se espera, se estancan
las ilusiones, se acomoda
el ser.
Por
eso existe en la debilidad
y fragilidad, un milagro
más que nos da
la capacidad de llorar,
de buscar, de esperar,
de llamar a la puerta
y tener la certeza de
que seremos escuchados
y se nos abrirá.
Muchos
están a la espera
de un milagro: una sanación,
un empleo, una conversión;
y cuando no se da lo
que tanto pedimos, así
como lo esperamos, nos
sentimos frustrados,
creemos que Dios no
nos ha escuchado o nos
ha abandonado.
No
siempre los milagros
suceden como los anhelamos,
quizás nos vienen
de otra forma y ni cuenta
nos damos; no podemos
permitir que nada nos
quebrante la fe, estamos
vivos hoy, y mientras
eso pase, muchas cosas
suceden y otros más
están por suceder;
por eso, no dejemos
de pedir y mucho menos,
de agradecer.