| Esta es la
fábula del hombre que tuvo la desgracia de que a su casa
entrara un monstruo.
Terrible monstruo
era aquél.
Esclavizó
a sus hijos; los obligaba a estar horas y horas ante él,
reverenciándolo.
A su esposa
la hacía llorar insensatamente.
A él,
por último, le impidió entregarse a sus antiguos
quehaceres predilectos: leer buenos libros y escuchar música
buena.
Peor aún:
por causa de aquel monstruo el esposo y la esposa ya no conversaban
como antes, y -lo más grave- por su culpa ninguno de los
dos podía hablar ya con sus hijos.
El hombre
y la mujer, viendo el daño tan grande que aquel monstruo
causaba en su hogar y en su familia, decidieron un día
rebelarse contra él.
Y así,
desde aquel día en su casa ya no se vio tanta televisión.

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