|
Pero
el dolor es una realidad.
Nadie
anhela padecer el dolor
que hemos de aprovechar
cuando llega.
Domestica
tu dolor, es decir, somételo
a tu control.
Deja
abierta en tu alma la entrada
a la esperanza de que toda
experiencia dolorosa, como
llegó, va a pasar.
Además
de esto, siente la angustia;
pero no la alimentes enfermizamente.
El
dolor es fuego que quema
y por lo mismo, podemos
convertirlo en crisol que
nos purifica.
Acepta
el dolor inevitable para
que temples tu carácter
y adquieras la virtud de
una inquebrantable fortaleza.
Es Jesús
quien dió dignidad
al dolor.
Autor
desconocido
|