Las
pinté como pude,
sin pinceles,
apoyado en la mesa, en la
cocina,
con certezas y dudas,
alejado de todos,
con obsesión y con
la sola ayuda
de lo visto en la vida
y en un par de almanaques.
Las
pinté como pude,
y cuando quise lavar mi
mano
me fue imposible hacerlo
y todos los colores se
quedaron en ella.
Por
eso estas flores de ahora
son flores con fecha,
con asombros de infancia,
hechas para los amigos
y listas para ser colgadas.
Hoy
es un día claro.
Siento la mano aliviada
como si fuese otra flor
que pudiera abrirse siempre,
y con las mismas dudas
y obsesiones,
me pongo a retocar los
amarillos
con el más izquierdo
de los dedos
de mi mano derecha.
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