Plegaria por el hombre moderno

Acuérdate, Señor, del que trajina por entre máquinas y horror, sangrante el pie sobre la espina, lejos de tu celeste resplandor.

Hombre moderno a la bondad reacio, sujeto a la tortura del pensar, que domina las rutas del espacio y los caminos múltiples del mar;

que acompasa el vaivén de su existencia al trágico girar de su ambición; hombre abrumado de inquietud y ciencia, desposeído de ilusión.

Acuérdate del hombre que en la sombra en vano intenta retener la luz porque olvidó el vocablo que te nombra y la locura de tu cruz.

Hombre que roba al cosmos sus arcanos y no sabe su angustia controlar; hombre moderno en cuyas torpes manos marchita su inocencia el azahar.

Hombre soberbio que amuralla en roca su propio corazón, y silencia colérico en su boca las voces del perdón.

Hombre que alza su torre de egoísmo en medio de la humana sordidez y que interroga a Dios desde el abismo de su engreída pequeñez.

Hombre de manos duras que sostienen la llama cruel del odio fraternal hombre igual a sus máquinas que tienen el alma de metal.

Hombre que al practicar los postulados del odio destructor, riega sobre los campos desolados la pérfida simiente del rencor.

Acuérdate del hombre campesino que cambia azada por puñal, que presiente el fusil en su camino y la emboscada en su trigal;

que frente a la aridez de su labranza siente en el labio el áspero sabor del vino que madura la venganza en las profundas cavas del dolor.

No te olvides del hombre que soporta el cotidiano tedio de vivir, lejos de tu palabra que conforta y de tu reino de zafir.

Hombre que siente arder en viva brasa su espíritu encendido en inquietud, hombre que es lobo para el hombre y tasa en oro la virtud.

Hombre que en las modernas factorías del lujo y del placer, no ve que ya en ]as cúpulas sombrías empieza a anochecer.

Hombre desprevenido y orgulloso que en su arrogante ceguedad no adivina el galope cauteloso de las cuadrigas de la tempestad.

Hombre que lucha por asir el manto de la dicha fugaz, y última contra el muro del espanto a las palomas de la paz.

Hombre que olvida a los que al lado gimen tristes en su amargada soledad, hombre que fraterniza con el crimen y teme a la verdad.

Acuérdate Señor, de los vencidos que entre la selva de su olvido van, acuérdate de todos los caídos, de los que han hambre de justicia y pan.

Acuérdate del hombre que se olvida de tu bondad y tu poder, Señor, y sobre el yermo en sombra de su vida destella tu celeste resplandor.

Desconozco su autor

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Música:
Noche de Paz
Elvis Presley
 

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