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Novena
a la Virgen Niña o Divina Infantita
La
Novena a la Virgen Niña o Divina Infantita, comienza
el 12 de noviembre, siendo su fiesta el 21 de noviembre.
ORACIÓN INICIAL
¡Oh María
santísima! elegida y destinada al eterno por la augustísima
Trinidad para Madre del unigénito Hijo del Padre, anunciada
por los Profetas, esperada de los Patriarcas, y deseada de todas
las gentes; sagrario y templo vivo del Espíritu Santo,
sol sin mancha, porque fuisteis concebida sin pecado original,
Señora del cielo y de la tierra, Reina de los Ángeles;
nosotros humildemente postrados os veneramos, y nos alegramos
de la solemne conmemoración anual de vuestro felicísimo
Nacimiento; y de lo mas íntimo de nuestro corazón
os suplicamos que os dignéis benigna venir a nacer espiritualmente
en nuestras almas, para que cautivadas estas por vuestra amabilidad
y dulzura, vivan siempre unidas a vuestro dulcísimo y
amabilísimo Corazón.
Día
I. Ahora con
nueve distintas salutaciones contemplaremos los nueve meses
que estuvisteis encerrada en el seno materno; diciéndoos
que oriunda de la Real prosapia de David, salisteis con grande
honor a luz de las entrañas de santa Ana vuestra afortunadísima
madre. Avemaría.
II. Os saludamos,
oh Niña celestial, paloma candidísima de pureza,
que a despecho del infernal dragón fuisteis concebida
sin pecado original. Avemaría.
III. Os saludamos,
oh Aurora brillantísisima, que como precursora del Sol
de justicia, trajisteis la primera luz al mundo. Avemaría.
IV. Os saludamos,
oh Elegida, que, cual sol sin mancha alguna, despuntasteis en
la noche más tenebrosa del pecado. Avemaría.
V. Os saludamos,
oh bellísima Luna, que iluminasteis al mundo envuelto
en las más densas tinieblas del gentilismo. Avemaría.
VI. Os saludamos
como a esforzada amazona, que sola, a manera de un numeroso
ejército, pusisteis en fuga a todo el infierno. Avemaría.
VII . Os saludamos,
oh hermosa alma de María, a quien Dios poseyó
desde la eternidad. Avemaría.
VIII . Os saludamos,
oh amada Niña, y veneramos vuestro santísimo cuerpecito,
los sagrados pañales en que fuisteis envuelta, y la sagrada
cuna en que estuvisteis acostada, y bendecimos el punto y momento
en que nacisteis. Avemaría.
IX. Os saludamos
finalmente, oh amada
Niña, como adornada de todas las virtudes en grado inmensamente
mas elevado que los otros Santos, y que, hecha digna Madre del
Salvador, y habiendo concebido por virtud del Espíritu
Santo, paristeis al Verbo encarnado. Avemaría.
ORACIÓN FINAL
¡Oh graciosísima
Niña! que con vuestro feliz nacimiento habéis
consolado al mundo, alegrado al cielo y aterrado al infierno;
habéis dado ayuda a los caídos, consuelo a los
tristes, salud a los enfermos y alegría a todos; os suplicamos
con los mas fervorosos afectos que renazcáis espiritualmente
con vuestro santo amor en nuestras almas; renovad nuestro espíritu
para que os sirvamos, encended de nuevo nuestro corazón
para que os amemos; y haced florecer en nosotros aquellas virtudes
con las que podamos hacernos siempre mas agradables a vuestros
benignísimos ojos. ¡Oh María! Sed para nosotros
María, haciéndonos experimentar los saludables
efectos de vuestro suavísimo Nombre; sírvanos
la invocación de este Nombre de alivio en los trabajos,
de esperanza en los peligros, de escudo en las tentaciones,
de aliento en la muerte. Sea el Nombre de María como
la miel en la boca, la melodía en el oído, y el
júbilo en el corazón. Así sea.
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