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Oración
inicial para todos los días:
Señor
Jesús, danos la gracia de hacer bien esta novena
y preparar nuestras almas para recibirte el día
de Navidad, con el cariño con que te recibieron
la Virgen Santísima y San José. Amén.
Día
primero (16-Dic)
Reflexión:
Los hombres hemos ofendido a Dios con nuestros pecados
y no podemos redimirnos por nosotros mismos. Ningún
sacrificio es capaz de compensar el grave mal del pecado.
Pero Dios, Padre amoroso, ha querido salvarnos y para
esto mandó a su Hijo:Tanto amó Dios
al mundo que entregó a su propio Hijo. Debemos
dar gracias al Señor porque ha querido salvarnos
y lo ha hecho de un modo tan admirable.
Oración:
Oh Señor, Padre nuestro, que estas en los cielos,
danos gracias porque nos has entregado a tu propio Hijo
Jesucristo para que fuera nuestro Redentor. Concédenos
la gracia de conocerle, amarle e imitarle toda la vida,
para alcanzar así la felicidad eterna. Amén.
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria
Jaculatoria,
para repetir durante el día: ¡Señor,
sálvanos que perecemos!
Día
segundo (17-Dic)
Señor
Jesús...
Reflexión: La Virgen María y San José
prepararon con gran amor y cuidado el pesebre de Belén
para que en él naciera el Niño Jesús.
Nosotros tenemos que preparar, como ellos, nuestro corazón
para recibir a Jesús. Es necesario perdonar las
ofensas, ser puros, y llenar el alma de un gran amor a
Dios, para que no sea como un pesebre sucio, sino más
bien como un pedacito de cielo, y el Niño Jesús
esté feliz en nuestra compañía.
Oración: Purifica, oh Señor, nuestras almas
para que seamos dignos de recibirte.
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria
Jaculatoria,
para repetir durante el día: ¡Ven, Señor
Jesús!
Día
tercero (18-Dic)
Señor
Jesús...
Reflexión: Los ángeles del cielo cataban
en la gruta de Belén: Gloria a Dios en las
alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.
Jesús viene a traernos la felicidad y la paz. Seguimos
sus mandamientos seremos felices y tendremos paz. El mundo,
los hombres, las familias, no tienen paz., cuando no reciben
a Jesús. Hay que poner buena voluntad para recibir
el don d la paz y todas las gracias de Dios.
Oración:
Señor, Dios nuestro, que se cumpla tu voluntad
en los cielos y en la tierra y danos precioso don de la
paz. Haz que sigamos fielmente a tu Hijo Jesucristo y
seamos fieles a sus mandamientos.
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria
Jaculatoria,
para repetir durante el día: ¡Señor
danos la Paz!
Día
cuarto (19-Dic)
Señor
Jesús...
Reflexión:
María Santísima y San José adoraron
con grandísimo amor a Jesús recién
nacido. Una fe gigantesca les hacía reconocer en
aquel Niño pequeñito, al mismo Dios, Creador
de cielos y tierra. Ojalá nosotros adoremos con
igual fe y amor y reverencia a Jesús escondido
en la pequeñez de la Hostia consagrada.
Oración:
Señor, auméntanos la fe. Haz que cada día
creamos más firmemente en Ti, y te adoremos con
profunda reverencia.
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria
Jaculatoria,
para repetir durante el día: ¡Señor
auméntanos la fe!
Día
quinto (20-Dic)
Señor
Jesús...
Reflexión:
Los pastores acudieron al pesebre de Belén para
adorar al Niño y llevarle sus humildes regalos.
Debemos ser generosos con nuestro dios que se ha dado,
se ha entregado totalmente a nuestras almas por amor.
La generosidad se manifiesta por medio del sacrificio:
procuremos hacer algún pequeño sacrificio
o mortificación para corresponder al amor de Jesús.
Podemos privarnos de algún gusto o satisfacción
para demostrar al Señor que le queremos.
Oración:
Oh Dios infinitamente generoso, haz que también
nosotros seamos generosos contigo y que no te neguemos
nada de lo que nos pides en esta vida.
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria
Jaculatoria,
para repetir durante el día: ¡Jesús
quiero ser tuyo!
Día
sexto (21-Dic)
Señor
Jesús...
Reflexión:
Los Magos, hombres sabios y poderosos, vinieron de Oriente
para postrarse ante el Niño Jesús y adorarle.
Por respeto humano y cobardía algunos se apartan
de Jesús. La verdadera grandeza consiste en someterse
a Dios y a su santa ley. Servir a Dios es reinar. Nunca
el hombre es tan grande como cuando está de rodillas
ante Dios.
Oración:
Señor, haz que te sirvamos siempre sin avergonzarnos
jamás de ser cristianos; por el contrario, que
sepamos tener un santo orgullo de servirte.
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria
Jaculatoria,
para repetir durante el día: ¡Hágase
tu voluntad así en la tierra como en el cielo!
Día
séptimo (22-Dic)
Señor
Jesús...
Reflexión: Los Magos, hombres sabios y poderosos,
vinieron de Belén; recibieron ese signo del cielo,
porque eran hombres dispuestos a obedecer la voluntad
de Dios. Que seamos dóciles a las inspiraciones
de la gracia, y procuremos hacer siempre la voluntad divina.
Oración:
Señor, danos la gracia de seguir la vocación
que Tú, desde la eternidad, has dispuesto para
cada uno de nosotros.
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria
Jaculatoria,
para repetir durante el día: ¡Serño,
mándame ir a ti!
Día
octavo (23-Dic)
Señor
Jesús...
Reflexión: Una mula y un buey calentaban un poquito
con su aliento al Niño Jesús que tiritaba
de frío. Hasta los animales sirven a Dios. Toda
criatura puede honrar y alabar a Dios, y debe hacerlo.
No es necesario realizar cosas extraordinarias o muy grandes
para agrada a Dios. Propongámonos servirle cada
día, con el cumplimiento fiel de nuestras obligaciones
diarias.
Oración:
Oh Jesús, enséñanos a servirte fielmente
toda nuestra vida, mediante el cumplimiento amoroso de
nuestras obligaciones.
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria
Jaculatoria,
para repetir durante el día: ¡Haz Señor
que nunca me separe de tí!
Día
noveno (24-Dic)
Señor
Jesús...
Reflexión: Nuestro Dios, Jesucristo, vino al mundo
como un Niño pequeño, naciendo en un portal
frío y oscuro. El Señor y dueño del
universo entero se sometió a la mayor pobreza.
Jesús nos enseña con toda su vida, desde
la infancia hasta la muerte de cruz, el espíritu
de desprendimiento de las cosas materiales. Hay que ser
pobres de espíritu para entrar en el cielo. Sólo
si amamos la pobreza, tendremos la más grande riqueza:
el amor y la gracia de Dios.
Oración:
Danos, Señor, un corazón desprendido de
las cosas materiales, parta que te amemos sobre todas
las cosas y gocemos eternamente de tu compañía
en el cielo.
Padre
Nuestro, Ave María y Gloria
Jaculatoria,
para repetir durante el día: ¡Señor
mío y Dios mío!
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