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"Recordar
los malos ratos del pasado no aporta nada positivo
al presente.
¿Por
qué detenerse en el pasado si lo que importa
es el futuro? El espejo retrovisor del automóvil
te muestra el camino recorrido y sirve únicamente
de aviso para ver los vehículos que te
piden el paso y que podrían poner en peligro
tu propio viaje.
El
pasado sirve de base al presente como los muros
del primer piso que hoy sostienen la azotea de
mañana.
Quien
está en el primer piso quiere sencillamente
subir a la terraza y no detenerse escarbando en
los cimientos de la casa porque encontraría
sólo alacranes.
Sube
y contempla las estrellas que te muestran los
caminos del futuro y deja que la animalidad se
pierda entre los terrenos del suelo húmedo
y frío.
No
vuelvas al pasado que se ha ido y no regresará
jamás. Si regresara sería un gran
impedimento para tu progreso.
Lo
que pasó, pasó. La vida pasada te
dejó experiencias y conocimientos que tendrías
que aprovechar.
El
estudiante experimenta en el laboratorio con instrumentos
de química. Al salir del aula se lleva
los conocimientos y deja las probetas y elementos
porque ya no le sirven.
¿Qué
ganamos con recordar errores, cuyas consecuencias
nos hacen sufrir, si ya es imposible corregirlos
y su recuerdo constante puede arruinar nuestro
camino? Por eso, no vuelvas al pasado y mira hacia
el porvenir.
No
remuevas la tierra con la azada y planta frutales
que mañana te abriguen y alimenten.
Olvida
el ayer y orienta el corazón hacia mañana.
Cuando
el hoy despuntó con la aurora del nuevo
día, el ayer había concluido.
Táchalo
en la hoja de tu vida.
Prepara
tus lecciones para el examen de mañana
porque en el examen de ayer fuiste aprobado con
notas demasiados bajas.
"Levántate
y camina hacia lo alto y hacia adelante, dejando
que los muertos en espíritu entierren a
sus muertos" (Mateo 8,22).


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