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Es el acontecimiento que transformó
la vida de la iglesia naciente;
que la impulsó a recorrer
nuevos caminos; que la llevó
a proclamar la buena noticia
hasta los confines de la tierra.

Es la fiesta que nos recuerda
la vocación profunda
de la iglesia: ¡¡¡que
ella existe para evangelizar;
que somos depositarios de un
tesoro que no podemos guardar
en la intimidad!!!

Es el acontecimiento que hoy
nos desafía a navegar
mar adentro en el ancho horizonte
de nuestra sociedad, y desde
nuestras dudas, temores, cansancios
y debilidades, contagiar la
alegría de la salvación
de cristo con la certeza de
que sólo en él
está el manatial de nuestra
esperanza.

Ven Dios Espíritu Santo
Tú
que estabas presente en la creación
del mundo, cuando todo era caos
destierra de mi vida toda confusión
y tiniebla. Recréame.
Hazme de nuevo.
Tú
que iluminaste a los antiguos
profetas, condúceme hacia
la Luz, dame un corazón
dócil a Tus inspiraciones
y enséñame a dejarme
enviar a donde quieras.
Tú
que fecundaste el vientre de
María, imprégname
de Ti
para que pueda dar abundantes
frutos de amor y alegría,
paz y paciencia,
misericordia y bondad, fidelidad,
mansedumbre y dominio de mí.
Tú
que moviste a Isabel y a Juan
a reconocer a Jesús en
el seno de María
dame sensibilidad y gozo para
descubrir las diversas maneras
como te manifiestas a mi lado
y no me permitas llamar casualidad
Tu Providencia
Tú
que mantuviste al anciano Simeón
firme en la esperanza de ver
al Mesías
no me dejes caer en el desánimo
de creer en mi lógica
limitada y pobre;
recuérdame siempre lo
que dijo aquel ángel,
que: para Dios, no hay
imposibles.
Tú
que descendiste sobre Jesús
cuando Juan lo bautizaba
renueva los dones que me diste
en mi Bautismo:
dame sabiduría para amoldar
mi voluntad a la del Padre;
entendimiento para comprender
cómo me habla Su Palabra
y dejar que sea lámpara
para mis pasos, luz en mi sendero;
ciencia para emplear todo lo
que me ha dado para construir
el Reino;
consejo para usar criterios
cristianos al resolver mis problemas
y aconsejar a otros;
fortaleza para superar toda
dificultad;
piedad para orientar mi vida
hacia el Señor y privilegiar
mis encuentros amorosos con
Él
en la oración, en la
Palabra, en los Sacramentos,
en los hermanos;
y temor de Dios que no sea miedo
sino temor de corresponder mal
al amor que me tiene, temor
de alejarme de Su lado, caer,
perderme.
Espíritu Santo que condujiste
a Jesús al desierto,
llévame a mí también
a descampado
a la cita contigo y ayúdame
a superar las tentaciones que
encuentre en el camino.
Jesús prometió
que nos guiarías a la
Verdad, lo explicarías
todo, hablarías por nosotros.
Habítame, consuélame,
sáname, exhórtame,
levántame, condúceme,
intercede por mí que
nunca sé pedir lo que
conviene.
Tú
que descendiste sobre los apóstoles
y los hiciste salir a anunciar
la Buena Nueva
en lenguas que todos pudieron
comprender
derriba la torre de Babel que
he construido para apartarme
de los otros.
Anímame a demoler mi
egoísmo, mi soberbia,
mi indiferencia,
y dame la capacidad de hablar
las lenguas siempre nuevas del
amor, la tolerancia,
la fraternidad, la justicia,
la verdad.
Preside lo que pienso, lo que
digo, lo que hago
y líbrame de quedarme
inmóvil al borde del
camino.
Lánzame a ser Tu testigo
y cólmame de los carismas
que necesite para vivir, a partir
de este día,
un Pentecostés que incendie
cada instante de mi vida y renueve
la faz de la tierra. AMÉN
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