|
Hora de soledad y de melancolía,
en que casi es de noche y casi
no es de día.
Hora para que vuelva todo lo
que se fue
hora para estar triste, sin
preguntar por qué.
Todo
empieza a morir cuando nace
el olvido.
Y es tan dulce buscar lo que
no se ha perdido...
Y es tan agria esta angustia
terriblemente cierta
de un gran amor dormido que
de pronto despierta!
Viendo pasar las nubes se comprende
mejor
que así como ellas cambian,
va cambiando el amor,
y aunque decimos: ¡Todo
se olvida, todo pasa...!
en las cenizas, a veces nos
sorprende una brasa.
Porque es triste creer que se
secó una fuente,
y que otro beba el agua que
brota nuevamente:
o una estrella apagada que vuelve
a ser estrella,
y ver que hay otros ojos que
están fijos en ella.
Decimos:
¡Todo pasa, porque todo
se olvida...!
y el recuerdo entristece lo
mejor de la vida.
Apenas ha durado para amarte
y perderte
este amor que debía durar
hasta la muerte.
Fugaz como el contorno de una
nube remota,
tu amor nace en la espiga muriendo
en la gaviota.
Tu amor, cuando era mío,
no me pertenecía.
Hoy, aunque vas con otro, quizás
eres mas mía.
Tu amor es como el viento que
cruza de repente:
Ni se ve, ni se toca, pero existe
y se siente.
Tu amor es como un árbol
que renunció a su altura,
pero cuyas raíces abarcan
la llanura.
Tu
amor me negó siempre
lo poco que pedí,
y hoy me da esta alegría
de estar triste por ti.
Y, aunque creí olvidarte,
pienso en ti todavía,
cuando, aún sin ser de
noche, dejó de ser de
día.



|