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Si
me dejara llevar por
mi piel,
diría que quiero
que ella regrese
para poder tomar su
mano entre las mías,
para poder tocar su
mejilla,
para rozar su nariz
con mis labios.
Si
me dejara llevar por
mis notas,
diría que quiero
tener un pretexto
para escribir palabras
en verso,
palabras que sé
que alguien leerá,
y no para mí
mismo como creo que
hago hoy.
Si
me dejara llevar por
mi historia,
diría que quiero
a alguien,
simplemente a alguien,
que esté conmigo,
alguien que rompa la
maldición,
alguien que me haga
sentir que soy
lo más importante
en la vida de alguien.
Si
me dejara llevar por
el instinto carnal,
apagado ya tantos años,
diría que quiero
a alguien simplemente
para poder contar algo
esas noches
de preguntas indiscretas
entre amigos,
diría que quiero
su cuerpo,
ese cuerpo que sé
que no es perfecto
y a la vez sí
lo es,
ese cuerpo que ya más
de una vez
he intentado imaginarme
sin tener éxito.
Si
me dejara llevar por
mi orgullo,
diría que quiero
demostrarme
que alguien es capaz
de rendirse ante mí,
y que ella estuvo en
un error al rectificar
lo que parecía
su decisión definitiva.
Si
me dejara llevar por
mi cabeza,
diría que ya
no quiero sufrir más,
que quiero una amiga
a quien poderle confesar
mis dolores,
y que sepa que cuenta
conmigo.
Si
me dejo llevar por mis
sentidos,
diría que la
quiero tener junto a
mi,
sin importar cómo,
porque el hecho de que
mis ojos y mis oídos
la perciban pero mi
tacto y mi olfato no,
hace que desprecie tan
maravilloso milagro
como el de la vista
y el oído.
Pero
me dejo llevar por el
corazón,
y éste aún
no se decide.
Y entonces llega el
momento de escribir
cosas bellas sobre ella
y...
mi pluma ya la escuchó.
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