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Angustiados por las sacudidas intermitentes que provocan
las crisis financieras internacionales, las crisis institucionales
que azotan nuestro país, dejando por doquier un
clima de desconfianza e inseguridad, podemos perder el
tesoro más importante del cual disponemos como
pueblo, me refiero a la esperanza y la confianza.
Efectivamente,
podemos hacer una lectura pesimista de la situación
actual y afirmar que el predominio del mal es evidente.
Sin embargo, quienes confesamos que Dios está activo
en la historia y en la naturaleza, no sepultamos la esperanza.
El Creador
es el Padre Bueno, el Dios con nosotros, que nos anima
a descubrir su discreta presencia y a solidarizamos con
su proyecto humanizador.
Esa buena
noticia nunca nos será quitada.
Fuente:
Reflexión
dominical "La verdad católica"
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