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Cuando la sociedad
antigua acoge el mensaje cristiano reclama un mínimo
de coherencia a los primeros misioneros cristianos.
En una cultura marcadamente
religiosa como aquélla, hay una disponibilidad
y una búsqueda de ofertas religiosas; el anuncio
cristiano cae naturalmente en el ánimo de los oyentes.
En la sociedad secularizada que conformamos se vuelve
más complicado proclamar y acoger un mensaje religioso.
Los evangelizadores
tienen que ganarse a pulso la credibilidad de la sociedad
en la que vivan, constituyéndose en una alternativa
convincente y esperanzadora. Quien escuche nuestro anuncio
cuenta con todo el derecho de reclamarnos un mínimo
de coherencia y fidelidad al mensaje que pregonemos.
Fuente:
Reflexión
dominical "La verdad católica"
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