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La fe en Cristo es
madura cuando supera obstáculos y escándalos
surgidos de la incongruencia que vivimos sus discípulos.
Quien se ha adherido
libre y voluntariamente a Cristo, no hace depender su
vida espiritual de lo que hagan u omitan predicadores
y creyentes. Cristo es el objeto de nuestra adhesión
creyente, no los mediadores que nos acerquen o alejen
a la fe.
No obstante lo anterior,
hemos de reconocer que somos estimulados o desalentados
por el comportamiento de los creyentes.
Notorias figuras públicas
que confiesan su adhesión a Cristo Jesús
han suscitado influencias positivas o negativas en nuestra
vida como creyentes.
De alguna manera,
somos corresponsables del entusiasmo o el desaliento con
el cuál viven nuestros familiares y vecinos su
camino creyente.
Reflexión
dominical "La verdad católica"
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