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Las buenas noticias
no caen milagrosamente del cielo, ni brincan tampoco desde
los despachos de los políticos.
No hay un futuro positivo
y duradero que no se construya con paciencia y esfuerzo.
Las fórmulas exitosas que reparten bienestar de
forma gratuita sólo caben en la mente de los gobernantes
demagogos y en la de sus ingenuos seguidores.
Jesús no anda
repartiendo promesas para volverse popular.El
llamado a transitar por los senderos del Reinado de Dios
es algo exigente.
Quien quiera seguir
a Jesús tendrá que estar dispuesto a repensar
y poner en duda algunas de las certezas que lo alienan;
deberá desbaratar sus prejuicios egoístas
y escuchar con apertura el ofrecimiento evangélico.
En el México
del 2012 no funcionarán las soluciones mágicas
que pregonen los candidatos.
El futuro será
mejor cuando ciudadanos, instituciones y gobernantes,
seamos eficientes y socialmente responsables en el desempeño
de nuestras obligaciones.
Reflexión
dominical "La verdad católica"
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