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"En el largo
plazo estaremos muertos", afirmaba un economista.
Lo hacía argumentando que, no se le puede pedir
a las personas excluidas del bienestar y el genuino desarrollo
humano, que sigan esperando a lo largo de décadas.
La gente se indigna
con sobrada razón, afirmando que las mayorías,
que constituimos el 99% de la humanidad, como afirma el
movimiento de los indignados en una y otra ciudad, no
vive con los bienes indispensables, porque hay un 1% que
controla injustamente las finanzas y la economía
en este mundo globalizado.
Ciertamente la esperanza
cristiana no termina aquí. ¡Seríamos
los más desgraciados de los hombres! a decir de
san Pablo.
Sin embargo, la buena
nueva de la salvación que Jesús proclama,
comienza haciéndose realidad aquí y allá,
cuando los hombres y las mujeres tienen pan, salud, autonomía
y todas las oportunidades para vivir de forma digna y
meritoria.
Esas son las primicias
de la vida plena que esperamos alcanzar junto al Padre
común.
Reflexión
dominical "La verdad católica"
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