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Cuando
se vive en una sociedad que está persuadida del
valor de sus avances científicos y cuando, además,
se piensa que el hombre es un ser libre, a medida que
reclama autonomía plena, resulta difícil
reconocer que necesita de salvación.
A quienes
ofrecen la salvación divina se les mira con asombro
y desdén, como diciendo: "No nos vengas a
contar cuentos".
No obstante,
es necesario reconocer que estamos necesitados de salvación.
Como sociedad individualista y ególatra, hemos
multiplicado el sufrimiento y la miseria.
El corazón
del hombre termina siendo esclavo de su egoísmo.
Sólo quien reconoce su impotencia, puede acoger
la oferta de salvación que le ofrece Jesús.
Fuente:
Reflexión
dominical "La verdad católica"
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