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Si repasamos los relatos
evangélicos nos daremos cuenta de que la disyuntiva
más directa que Jesús nos plantea es la
de elegir entre Dios y el dinero.
No existen los equilibrios
ni los acomodos. O vivimos al servicio de Dios y aprendemos
a vivir con sencillez y confianza, o vivimos al servicio
del dinero y pasamos el tiempo haciendo cálculos,
sumas y restas que agrietan nuestra confianza en Dios.
Vivimos una cultura
que ha mercantilizado instituciones y realidades que deberían
quedar inmunes al poder corruptor del dinero. Es un callejón
sin salida. No es posible seguir adorando al bienestar
económico como si fuera el supremo bien.
El retorno a una espiritualidad
de la confianza en Dios, de la sencillez y el consumo
moderado nos permitirá recuperar la libertad perdida,
a la vez que nos conducirá hacia un desarrollo
sustentable y a una relación amorosa con este enorme
universo que Dios creó como algo "muy bueno".
Fuente:
Reflexión
dominical "La verdad católica"
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