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Maria, la madre del
Señor Jesús, e Isabel, madre de Juan Bautista,
se han convertido en figuras veneradas y respetables en
la tradición cristiana.
La tradición
cristiana originaria nos las presenta como mujeres bien
dispuestas que asumen decisiones riesgosas y trascendentes
en el momento que Dios las convida a servirle.
Cuando ese primer
encuentro excepcional tiene lugar, esas dos mujeres son
personas sencillas y lo siguen siendo, que no destacan
por sus conocimientos ni por su posición social.
Su humilde condición las lleva a reconocerse como
personas favorecidas única y exclusivamente por
la gracia de Dios.
La gente sencilla
es la preferida por Dios, porque no se envanece fácilmente;
antes bien, reconoce que la grandeza y el poder de Dios
realizan maravillas en su persona. Dios sigue eligiendo
a gente sencilla.
Reflexión
dominical "La verdad católica"
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