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SEGUIMIENTO ‘AL MIL’

XIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

Los chav@s del tiempo presente suelen decir ‘estoy al cien’ para indicar el máximo de emoción, disponibilidad, apertura, amor… y más. Los jóvenes del siglo pasado decíamos -con cierto temor a ser mal interpretados y tachados de revoltosos- ‘soy radical’, ‘soy revolucionario’… Los términos para comunicar y manifestarnos cambian, no hay duda; el lenguaje es vivo, dinámico. Las generaciones nuevas y antiguas suelen ser creativas, expresivas, se salen con facilidad de lo ordinario. Las ‘emociones y convicciones extremas’ nos hacen romper lo establecido. Así ha sido, así será...

En el texto evangélico de este domingo Jesús hace algo parecido; se sale de lo casual, lo bien sabido y practicado, lo religiosamente correcto. La manera como expresa el llamado a su seguimiento radical suena a romper con la familia y las demás cuerdas que ‘amarran’ con la seguridad conocida, con la zona de confort, diríamos hoy. El texto se inscribe en las recomendaciones que Jesús da a los discípulos que envía a predicar la Buena Nueva. Es un texto exigente, incómodo, sólido, retante.

Jesús pide radicalidad en el seguimiento. Nada hay superior para quien ha hecho la opción por Jesús. Amar a alguien más que al Señor no va con el ser discípulo. La relación estrecha que Jesús tiene con su Padre es el modelo a seguir.

La radicalidad del seguimiento no deja al discípulo en el aire. No es que Jesús se oponga a la familia, ni al amor humano, ni a las instituciones que éste ha creado. Va mucho más allá. El discípulo encontrará una nueva familia basada no en la sangre sino en el espíritu, en el amor. Los que escuchen la palabra serán los miembros de la nueva familia y establecerán lazos más fuertes que los momentáneos de la sangre o de la conveniencia.

El amor infinito de Dios y el amor radical a Jesús no empobrecen a la persona; al contrario, la hacen crecer al máximo, ‘al mil’. Por eso Jesús une el amor verdadero a tomar su cruz, a hacerse responsable de su vida.

Solamente este amor hace crecer a la persona y abona al mundo la bondad del amor fecundo. Lo que distingue al discípulo de Jesús es el dar y darse ‘al mil’. La fe en Él es un don pero también una opción radical. Por eso Jesús pide tomar la cruz de cada día, renunciar a la propia vida y dejarse seducir permanentemente por Él.

Nuestro mundo -que tiende a ser cada vez más light (líquido) en sus opciones y acciones- necesita de cristianos sólidos en su fe. El amor que irradia el discípulo con su radicalidad debe notarse en el existir de cada día, en la construcción de la ciudad, en el gesto sencillo y cercano al prójimo que se siente asfixiado por el ambiente egoísta Nuestra firme convicción es que el Señor es un amigo exigente. Su Verdad nos hará libres. No hay de otra si queremos ser cristianos ‘al mil’.

Los bendigo al iniciar el mes de julio y siempre.

† Sigifredo Noriega

Obispo de/en Zacatecas

Con autorización del Señor Obispo de Zacatecas Sigifredo Noriega ¡Gracias Don Sigi!

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