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No
pocas veces los creyentes -judíos, cristianos o
musulmanes- en el Dios de Abrahán y de Jesús
nos hemos querido adueñar de Dios como si fuese
un patrimonio exclusivo.
El
Dios que confesarnos como Padre todopoderoso nos ama a
todos sin distinciones. No es Dios de una congregación
religiosa en particular. Es el Señor de la historia
que se deja conocer y entabla una amistad estrecha con
todos los que lo buscan con corazón sincero.
Los
nazarenos quieren adueñarse del mensaje salvífico.
Jesús los anima a ensanchar su mirada. Los que
seguimos a Jesús estamos urgidos de tender lazos
de comunión con los creyentes de cualquier credo
que busquen trabajar por la paz.
De
concordia, el entendimiento entre los pueblos y las razas
de la Tierra. Nuestra mano abierta también tendrá
que extenderse a cualquier hombre de buena voluntad.
Reflexión
dominical "La verdad católica"
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