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Cuando se vive inmerso
en una sociedad que valora desmedidamente los valores
privados y el beneficio individual, resulta contracorriente
vivir rupturas que impliquen desarraigarnos de nuestras
seguridades.
El confort, la seguridad
y el bienestar nos encadenan a un montón de vanidades
que no nos dejan poner la mirada en lo alto. Vivimos frecuentemente
a ras de tierra.
Los pescadores de
Galilea se mantienen anclados dentro de las grandes promesas
hechas por Dios a Israel. Cuando descubren que dichas
promesas despuntan con fuerza en la vida y la misión
de Jesús de Nazaret, lo dejan todo y lo siguen.
Este no es un relato
legendario, sino una historia de vida que nos interpela.
Reflexión
dominical "La verdad católica"
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