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La crítica
es de sobra conocida. Pensadores ateos han criticado a
las religiones, en particular al cristianismo, por ser
el opio del pueblo.
El mensaje de esperanza
que Jesús nos proclama no esta desarraigado ni
se evade de las responsabilidades históricas. Al
contrario, el Reino de Dios es un proyecto transformador
que genera un verdadero cambio personal, familiar y social.
Quienes toman a Jesús
y su evangelio como el referente fundamental de su vida,
reajustan sus relaciones y valores. Además, aprenden
a promover una paz por la justicia, una fraternidad sin
discriminaciones, así cormo una sociedad de iguales
en un clima de libertad y respeto.
Los pobres son dichosos
porque Dios empuja el alba del reino en el corazón
de los creyentes, que se ocuparán de concretarlo
en la historia.
Reflexión
dominical "La verdad católica"
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