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Juan
y Pedro vivieron diferentes procesos de fe. Uno caminó
más de prisa que otro, uno necesitó más
señales que otro. Cada uno de nosotros vivimos
de manera peculiar el camino de la fe. Lo importante es
considerar que Dios nos sigue ofreciendo señales
para que descubramos su presencia gloriosa en medio de
nosotros. Quien experimenta la existencia resucitada de
Jesús en su vida, aprende a vivir con sabiduría
y libertad. Aunque todavía se amedrenta ante el
sufrimiento y el dolor, aprende a descubrir confiadamente
la presencia discreta de Dios en su vida. Los parientes
y amigos nuestros que se mantienen serenos en la prueba,
nos animan a descubrir la presencia resucitada de Jesús
en cada acontecimiento...
Fuente:
Reflexión
dominical "La verdad católica"
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