|
-
51 -
En numerosas ocasiones
hemos escuchado esta parábola. Hermosa y esperanzadora
como pocas. Una espiritualidad del reencuentro, así
como la reconciliación fraterna y filial surgen
directamente de este pasaje evangélico.
La parábola
es de sobra conocida. Su vigencia en nuestro que hacer
cotidiano es evidente. Un corazón noble se alegra
de las bondades y alegrías ajenas. Un corazón
mezquino se empequeñece y se enfada ante el bienestar
de los demás. El hermano mayor no soporta la compasión
desmedida del Padre.
En el contexto de
nuestros problemas actuales necesitamos tomar aliento
de este mensaje y alentar todas las iniciativas que abonen
al diálogo, el entendimiento y la reconciliación
entre los mexicanos.
No es posible pasarnos
la vida entera simulando, engañando o tramando
confrontaciones que nos desgastan. La envidia y la cortedad
de miras causan enormes daños a nuestra nación.
De alguna manera,
es posible traducir el mensaje de la parábola a
nuestro contexto para trabajar en pro de proyectos inclusivos
que pongan el interés nacional y el bienestar social
por encima de los intereses de grupos particulares.
Reflexión
dominical "La verdad católica"
|