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Los hombres y mujeres
de este siglo quedamos adormecidos frecuentemente por
el canto de las sirenas que nos lanzan los anuncios publicitarios.
¡Consume lo
más que puedas para que seas feliz, exitoso y reconocido!
La felicidad -lo repiten a diario- se aproxima cuando
activas una tarjeta de crédito y tomas un producto
del anaquel de una tienda de prestigio.
El consumo desmedido
es como la puerta ancha que conduce a la perdición.
Mientras más consumes más te enajenas, más
dependiente y frustrado terminas.
La sencillez, la solidaridad
y la sobriedad en el diario vivir son medios adecuados
para conseguir una realización personal más
plena y un desarrollo sustentable más seguro, que
el consumo desaforado. El
Evangelio tiene todavía mucho que decirle a esta
sociedad seducida por el consumo desmedido.
Reflexión
dominical "La verdad católica"
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