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La historia parece
demasiado simple. Como un cuento maravilloso creado para
dar lecciones y mensajes edificantes a niños pequeños.
Nueve ingratos y un agradecido.
La moraleja clara
y directa. Más allá de la ficción,
el Señor Jesús interpela a sus contemporáneos
-y a nosotros también-que por la fuerza de la costumbre
y bajo el pretexto de sentirnos pueblo elegido de Dios,
creemos sentirnos merecedores de los favores y la bendición
divina.
Algo parecido pasa
con esta generación emergente, enormemente demandante
con sus padres, a quienes con insolencia y atrevimiento
les exigen objetos de marcas de renombre, y se olvidan
de agradecer y reconocer el esfuerzo que hacen para alimentarlos
y educarlos.
La ingratitud se vislumbra
en los hogares y en las iglesias hasta convertirnos en
personas insolentes y malagradecidas.
Reflexión
dominical "La verdad católica"
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