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Por
supuesto que no hay cristiano
que no sepa que el Espíritu
Santo además de ser el
Protagonista de la Misión
como lo dice bellamente el Santo
Padre en la Rmi cap. III, es
además, el huésped
por excelencia de todas nuestras
actividades espirituales. Sabemos
que no podemos ni pronunciar
el nombre bendito de Jesús
si el Espíritu no nos
ayuda.
Nosotros
lo vamos a recibir como una
gracia que nace de El mismo;
y él, a su vez nos va
a regalar sus DONES.
Es
una verdadera lástima
que en nuestra formación,
en nuestra catequesis y en nuestra
dirección espiritual
no ocupen el espacio que merecen
estos auxilios especiales con
que el Espíritu nos regala
a cada ratito. Alguien dijo
del Espíritu Santo que
era El Gran Desconocido
de los cristianos. Y de sus
dones ya ni se habla, ni casi
se conocen. Usted mismo que
lee estas líneas intente
recordarlos y enumerarlos...
Sea
como sea el misionero, de manera
constante y fuerte necesita
de esos regalos divinos que
son 7 en nuestros cómputos
y amparados un poco en la Sagrada
Escritura, pero con toda seguridad
que son más, no tenemos
noticias de ellos, por lo menos
el cristiano de a pie; los Santos
son otra cosa, los santos se
ponen a contar y no paran. Es
que son innumerables las formas
que tiene el Espíritu
Santo para consolarnos (acuérdense
que él es el Espíritu
Santo Consolador) y para santificarnos
que es su función especial
dentro de cada alma.
El Catecismo nos habla escuetamente,
simplemente los enumera y dice:
1º
DON DE SABIDURíA: No
es para que sepamos muchísimo
de muchas cosas; sino para perfeccionar
en nosotros ni más ni
menos que el amor, la caridad.
Las almas privilegiadas que
de manera habitual han recibido
ese don han amado a Dios como
no tenemos ni idea; han aparecido
ante el mundo como unos loquitos
que eran capaces de hacer por
Dios y por la gente gestos heroicos.
Díganme si un misionero
no necesita de este don del
Espíritu Santo, cuando
las exigencias de la Misión
casi siempre, de manera habitual,
han de ser heroicas.
2º DON DE ENTENDIMIENTO:
Potencia y cómo que dispara
la virtud de la fe. Con él
se entienden de manera admirable
lo más profundos misterios;
se comprende por ejemplo la
santidad de la Virgen María;
la grandeza de la Santa Misa,
y su valor infinito... por medio
de ese admirable don se ilumina
nuestro entendimiento y nos
confiere una fuerza y una eficacia
santificadora, tal como la necesita
el evangelizador, el que se
entrega a la causa estupenda
de dar a conocer al mundo a
Cristo el Señor, su Vida
y su Evangelio; al que deja
su vida en los campos de las
Misiones.
3º DON DE CIENCIA: Se trata
de la ciencia verdadera, de
la que viene y va a Dios en
directo. Por supuesto que también
perfecciona la fe que debemos
transmitir a los demás,
como el mejor servicio que se
le puede prestar a los hombres,
de acuerdo con Juan Pablo II.
Esta ciencia nos enseña
a juzgar rectamente de
las cosas creadas. El
hermano sol y la hermana
luna se las inventó
el corazón de San Francisco
de Asís con esta ciencia,
que merece la vida entera por
conocerla y gustarla. El misionero
vive en pleno contacto con la
naturaleza y sus maravillas;
y todo le ayuda para entender
mejor el amor de Dios y explicárselo
con fuego a quienes nunca supieron
que tenían en los cielos
un Padre bondadoso que es puro
Amor.
4º DON DE CONSEJO: Gracias,
en buena parte, a este regalo
del Espíritu los misioneros
fueron a parar a territorios
que ni sabían dónde
quedaban en la geografía
de los continentes o países.
Allí fueron a dar con
sus huesos y con su enorme carga
de fe y de amor, guiados, quizá
sin saberlo, por el consejo
sutil y cierto del Espíritu
Santo. Ayuda mucho, pero mucho,
a esa virtud tan rara y muy
pocas veces tomada en cuenta
que es la prudencia, virtud
casi desconocida y raras veces
empleada en nuestro vivir y
en nuestro actuar. Nuestras
grandes determinaciones en la
vida están o deben estar
signadas por el don de Consejo,
si es que no queremos fracasar
con nuestras propias loqueras
o nuestros criterios personales.
5º DON DE PIEDAD: No es
expresamente para formar monaguillos
piadosos que tampoco debe
ser cosa fácil- sino
que con este don, el Espíritu
nos hace descubrir a Dios como
Padre y quererle con todas nuestras
fuerzas; de paso nos estimula
a querer a nuestros hermanos,
como Teresa de Calcuta quería
a los leprosos. Es la vida ordinaria
del misionero. Gentes que no
conocen de nada ni la entienden
en su cultura, ni saben de su
idioma, y se fajan, sin embargo,
a conocer, amar y ayudar en
cuerpo y alma, a pequeños
Cristos que se le han cruzado
en el camino de su vocación
misionera. El don de piedad
actúa como un auténtico
milagro en el corazón
del misionero. (Cuando se habla
del misionero, se entiende por
igual de la misionera, de la
persona consagrada o del laico
comprometido. Los dones no tienen
género. Son del Espíritu
Santo y basta).
6º DON DE FORTALEZA: Se
trata de una fuerza del Espíritu
Santo que resiste y acomete
según la necesidad del
momento. Es bueno recordar que
la fortaleza es una de las virtudes
cardinales ¿Se acuerda
usted por dónde anda
eso en el catecismo que estudió?
Pues aunque no se acuerde nadie,
ni lo tome demasiado en serio,
el Espíritu Santo, sí;
él concede una fuerza
y un valor increíble
a quienes asiste en los trances
más difíciles
de la vida. Necesitamos todos
urgentemente y casi en cada
momento, de esta fuerza única
que resiste el mal; el que sacude
al mundo y a sus gentes como
un huracán y tiende a
destruirlo y borrarlo del mapa
de la vida.
Resistir
el mal y hacer siempre el bien,
sin cansarnos como nos enseña
San Pablo. Las causas de Dios
son empinadas, costosas; exigen
muchas veces la vida misma.
Por algo la Iglesia creció
con la sangre de sus mártires.
Pura fortaleza de Dios; don
bellísimo y absolutamente
necesario en nuestros tiempos.
7º DON DE TEMOR A DIOS:
También el temor es necesario;
pero es un temor pleno de amor;
es un susto justificado de perder
la amistad de nuestro Padre
Dios y de nuestro Hermano Jesús.
Un enamorado tiembla sólo
con pensar en que puede perder
a su amor; a la persona que
es razón de su vida.
Se trata de un temor filial,
el temor de Dios. Por supuesto
que, si al perder al Dios se
pierde el cielo donde él
habita con sus santos, se puede
uno imaginar lo terrible que
tiene que ocurrir en el corazón
de un misionero, si después
de una entrega heroica y sin
límites se queda del
lado de afuera. San Pablo lo
sintió y debió
temblar como la hoja en el árbol.
Temía que predicando
a los demás, él
mismo pudiera ser borrado del
libro de la vida. El don de
temor es sano, muy digno de
que lo tomemos en cuenta y de
pedírselo al Espíritu
Santo junto con los demás
dones y regalos que él
nos hace.
Es
bueno que hablemos del Espíritu
Santo; descubramos su presencia
en nuestros corazones y agradezcamos
el milagro amoroso de revivir
dentro de nosotros, con esa
suavidad y fortaleza, solo perceptible
cuando nos entregamos a El como
Abogado nuestro ante el Padre,
que no cesa de interceder por
nosotros con gemidos inefables.
Los
frutos del Espíritu Santo
son perfecciones que forma en
nosotros el Espíritu
Santo como primicias de la gloria
eterna. La tradición
de la Iglesia enumera doce:
Caridad.
Gozo.
Paz.
Paciencia.
Longanimidad.
Bondad.
Benignidad.
Mansedumbre.
Fe.
Modestia.
Continencia.
Castidad.
Carismas
del Espíritu Santo
clasificados en:
l.
Carismas de ''apostolado'',
"enseñanza",
"gobierno".
Apóstoles:
lCo 12,28; Ef 4,11.
Profetas:
lCo 12,28; Ef 4,11.
Pastores:
Ef 4,]1; Hch 20,28. Maestros:
ICo 12,28; Rm 12,7; Ef 4,11.
Evangelistas:
Ef 4,11; Hch 21,8.
Epíscopos,
presbíteros, diáconos:
Hch 14,23; 15,2: 20,17.28;
Flp 1,1; Tito 1,5.
Diaconías
diferentes: Hch 6,1-6; Rm
12,7; Ef 4,12; IP 4,11.
2. Carismas de conocimiento
y de palabra.
Palabra
de profecía: ICo 12,10:
Rm 12,6.
Palabra
de sabiduría: I Co
12,8.
Palabra
de conocimiento ( ciencia
): I Co 12,8.
Revelaciones:
lCo 14,26.
Penetración
de misterios: lCo 13,2.
Visiones:
Hch 2,17; 9,3,17.
Discernimiento:
I Co 12,10; 14,29.
Xenoglosia:
Hch 2,6.11: Mc 16,17.
Lenguas
( glosolalia ): I Co 12,10.29:
Hch 10,46; 19,6.
Interpretación
de lenguas: lCo 12.10.30.
3.
Carismas de servicio.
Funciones
administrativas: 1 Co 12.28.
Presidir:
Rm 12,8.
Asistencia
en las necesidades: lCo 12,28.
Exhortar:
Rm 12,8.
Obras
de misericordia: Rm 12,8.
Distribución
de los propios bienes: lCo
13,3.
Entrega
de la propia vida: lCo 13,3.
4.
Carismas de poder.
Fe:
Hch 14,9; lCo 12,9.
Curaciones:
Mc 16,18; lCo 12,9.28.
Obras
de poder: Hch 4,30; lCo 12,10.28.
Exorcismos:
Mc 16,17.
5.
Carismas de estado de vida.
Matrimonio:
l Co 7,7.
Celibato,
virginidad, soltería
consagrada: lCo 7, 7.34.
Faltas contra el Espíritu
Santo:
Desesperar
de la misericordia de Dios.
Presunción de salvarse
sin ningún mérito.
La impugnación de la
verdad conocida.
La envidia de los bienes espirituales
del prójimo.
La obstinación en el
pecado.
La impenitencia final.
¡VEN
ESPIRITU SANTO Y LLENA NUESTROS
CORAZONES CON EL FUEGO DE TU
AMOR!
Fuentes:
catholic.net
| P.
Celerino Anciano o.p. |
P. Salvador Carrillo Alday,
M.Sp.S.
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