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De
pronto hubo un gran terremoto, pues un ángel del
Señor bajó del cielo, se acercó,
hizo rodar la losa del sepulcro y se sentó en ella.
Su aspecto era como un rayo, y su vestido blanco como
la nieve.
Los
guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos.
Pero
el ángel, dirigiéndose a las mujeres, les
dijo: "No temáis; sé que buscáis
a Jesús, el crucificado. No está aquí.
Ha resucitado, como dijo.
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