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Se pueden imaginar lo que es ver
una flor seca recobrar todo su color y aroma, o un río
contaminado ver su agua cristalina de nuevo. O una mujer de
80 años ver como su piel se estira y en su pelo desaparece
la blancura de sus canas regresando al tono que tenía
unos 60 años atrás; y como su columna vertebral
que estaba arqueada por los años, se endereza de nuevo
y ya no renquea ni necesita aquel viejo bastón. -Anónimo-
No estoy hablando de una fórmula
de la eterna juventud, ni de ninguna película de ciencia
ficción; sino que hablo del Poder de Dios.
Es un Poder donde todas las cosas
le obedecen. Es un Poder capaz de reconstruir todo lo destruido
por el alcohol, las drogas, los abusos, y todas nuestras las
debilidades.
Es capaz de reconstruir tu matrimonio,
tus sueños, y el amor que perdiste de tu familia. Tus
finanzas y todo lo que parece irremediable. Eso es lo que hace
el poder de Dios. Él es más real que cualquier
cosa que puedas tocar en este momento, es más real que
alguna persona que este cerca de ti en este momento.
Así de real lo pudieron
ver María y Marta las hermanas de Lázaro, cuando
lo vieron salir de la tumba, atado de la misma forma en lo prepararon
hacía cuatro días, al morir. En el momento en
que Jesús le ordenó a Lázaro salir de la
tumba, todo lo que parecía irremediable, el poder de
Dios lo hizo.
Este mismo Poder de Dios está
disponible para ti hoy. Él puede reconstruir todo lo
que parece totalmente perdido y sin remedio. Él puede
resucitar a un muerto si es necesario.
Oh Dios, restáuranos;
Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. Salmos
80:3
Arturo
Quirós Lépiz
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