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Cuidémonos
gravemente de tratar con ellos
Autor: R.P. Gustavo Caro | Fuente:
arciprestazgodelinares.blogspot
y catholic.net
Cuando era muy niño, sin
tener conciencia, sin libertad,
sin poderme defender, uno de ellos
me hizo hijo de Dios, heredero
de la Vida Eterna, Templo del
Espíritu Santo y miembro
de la Iglesia, nunca podré
perdonarle haberme hecho tanto
bien.
Otro,
insistió en mis años
tiernos, en inculcarme violentando
mi voluntad, el respeto por el
Nombre de Dios, la necesidad absoluta
de la oración diaria, la
obediencia y la reverencia a mis
padres, el amor por mi Patria
y me enseñó la utopía
de no mentir, no robar, no hablar
mal de otros, perdonar y todas
esas cosas que nos hacen tan mojigatos
y ridículos....
Otro
apareció aludiendo que
el Espíritu Santo, debía
venir a completar la obra comenzada
en el Bautismo, que me harían
falta sus dones y sus frutos,
que ya era hora de que viniera
en mi ayuda Aquél que me
haría defender la Fe, como
un soldado ¡Qué osadía
hablar en términos tan
bélicos!, hizo en esa época
que cuidara mi alma de las del
mundo, que fuera noble, leal y
honesto...
Otro
abusó dándome libros
para leer, no le bastaban sus
consejos, que hacían poner
la mirada en la eternidad y vivir
como extraños aquí
en la tierra, ¿Quién
sacará ahora de mi cabeza
Los cuatro Evangelios?; ¿Las
glorias de María?; ¿La
Imitación de Cristo?; ¿Las
Confesiones?; ¿Las Moradas?,
etc., ¿Quién será
capaz de curarme de todos esos
tesoros que me marcaron para siempre?
Otro
abusó de mi ignorancia
enseñándome cosas
que no sabía, otro no hablaba
pero su vida virtuosa me inclinaba
cada vez más a imitarlo.
Hubo algunos que se aprovecharon
de mí en momentos inesperados
y me corrigieron, me alentaron
y hasta rezaron por mí.
Otros,
cuando yo ya estaba en un círculo
del cual no podía salir,
se empecinaron con mi naturaleza
caída y me incitaron a
recibir a Jesucristo en su Cuerpo
y Sangre, para resistir a los
embates del enemigo, para fortalecer
mi flaqueza y santificarme cada
día más. Aunque
para aquél que lea esta
denuncia, le parezca que esto
ya es demasiado y que más
bien no se puede hacer, les digo
que los abusos siguieron en aumento
y todo pasó a mayores,
cada vez que conocía a
un sacerdote, se aprovechaba de
mí con renovados métodos,
reliquias, estampas, agua bendita,
rosarios, bendiciones y oraciones
de todo tipo, armaban una cárcel
de tremendos beneficios que llegaron
al límite de lo soportable.
Quiero
dejar claro esta injusticia llena
de perversidad y que atiendan
a mi reclamo en esta denuncia,
por que sé que algunos
de ellos me estará esperando
para seguir con esta iniquidad,
sentado en un confesionario o
a lado de mi cama cuando esté
moribundo y aunque desaparezca
seguirán abusando con sufragios
por mi alma y súplicas
de misericordia.
Quiero
que se sumen a mi voz todos aquéllos
que han sido víctimas de
estos atropellos y se han sentido
ultrajados por estas personas,
pues sé que a otros los
han unido en matrimonio, a otros
le descubrieron su vocación,
a otros hasta llegaron a ayudarlos
materialmente o guardaron con
llave en su corazón para
siempre secretos tremendos de
sus miserias humanas.
Cuidémonos
gravemente de tratar con ellos,
no les demos nuestros datos, no
los miremos a los ojos, no les
consultemos absolutamente nada,
no sigamos ninguno de sus pasos,
pues corremos el riesgo un día
de caer en sus trampas y salvarnos
eternamente.
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