Puede
que sea bonito, pero desde luego
no es nada fácil hacerse
pan.
Significa
que ya no puedes vivir para
tí, sino para los demás.
Significa
que ya no puedes poseer nada,
ni cosas, ni tiempo, ni talentos,
ni libertad, ni salud; todo
lo tuyo ya no es tuyo, es de
y para los demás.
Significa
que tienes que estar enteramente
disponible, a tiempo completo.
Ya
no puedes protestar si te exigen
mucho, si te molestan mucho,
si te llaman a cualquier hora
y para cualquier cosa.
Significa
que debes tener paciencia y
mansedumbre, como el pan, que
se deja amasar, cocer y partir.
Significa
que debes ser humilde, como
el pan, que no figura en la
lista de platos exquisitos;
está ahí, siempre
para acompañar.
Significa
que debes cultivar la ternura
y la bondad, porque así
es el pan, tierno y bueno.
Significa
que debes estar siempre dispuesto
al sacrificio, como el pan que
se deja triturar.
Significa
que debes vivir siempre en el
amor más grande, capaz
de morir para dar vida, como
el pan.
San
Ignacio de Antioquía
quería ser triturado
por los dientes de las fieras
para llegar a ser pan de Cristo.
Tú,
no hace falta que busques a
los leones para que te trituren.
Déjate
triturar por esos cachorrillos
que son los hermanos.
Déjate
amasar por las contrariedades,
los trabajos y los servicios
a favor de los hermanos.
Déjate
cocer por el fuego del amor
y del espíritu.
Después
ya podrás ofrecerte a
todos los que tengan algún
hambre.
